Posted in enero 2007

Gratitud/Grattitude



Ha sido un inicio de año bastante intenso, con cosas que aun me cuesta digerir de lo buenas que se ven. Cabe reconocer que si las cosas se ven de buen color no es puramente gratuito, sino que se debe a una serie de factores que influyen para su realización.

Esta serie de factores es el esfuerzo y el apoyo de mucha de la gente que me rodea. Escribo este mensaje, pues ahora que comienzo a ver frutos más grandes y después de casi un año de duro trabajo que varios llevamos al pie del cañón, entiendo que todo esto ha sido un esfuerzo en equipo, una serie de acciones (pequeñas o grandes) realizadas por mucha gente que cree en lo mismo que yo, en este proyecto de arte y, espero poder usar esta expresión, de humanización. Y por supuesto, de diversión.

El proyecto o el alter ego Velvet está creciendo cada vez más y llegándole a mucha más gente, esto es simplemente invaluable. Pero, insisto, esto no es mera acción aislada.

Velvet, los amigos, los conocidos y la gente que está siendo parte de todo esto (lo cual incluye a quién esté leyendo esto) comienzan a exigir cada vez más de mí, y yo estoy dispuesto a darlo.

Queda ahora seguir en pie frente a esta enorme nebulosa de incertidumbre y me reconforta enormemente el saber que no estoy solo.

Por lo mismo, quiero agradecer a toda la gente que ha estado en algún momento junto a mí, ayudándome a evitar que el miedo, la inseguridad o la soberbia me coman vivo. Creo que la gratitud es el sentimiento y la actitud más importante para desempeñarse en estos ambientes en los que la envidia y las malas intenciones conviven en una línea muy delgada con las cosas buenas.

Para los que estén leyendo esto, estás son sólo algunas de las personas que han ayudado a construir a Velvet con todas las anécdotas e historias hechas con gran pasión, parte de mi “club de los humildes”.

Gracias a:

Las Balodeza por conocerme y saberme como soy. Por verme sólo como Arturo. Por los secretos, las palabras, las lágrimas y las incontables risas que hacen de la vida un sitio bueno en donde estar y por la gran familia.

A mi Bra, por la poesía y las risas.

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A Juan Calavera, por entenderme y dejarme entenderlo, por vivir este proceso juntos, por el momento clave de la melodía en el que nos miramos y sabes que lo que se viene es una ráfaga de placer sonoro, por meterse en mi cabeza y sacar las cosas que nadie más puede, las noches de tocada, las tardes de ensayo y las mañanas de cruda. Por los repertorios de canciones y de historias a la Casi famosos.

Beatrix por estar al lado siempre tan comprensiva. Por las historias llenas de experiencia, por Tom Waits y Marianne Faithfull, por aguantar a Juan, y también, por las historias de Casi famosos.

A la Chispilla y el Angelitro, por haberme reiniciado en el terrible vicio de la música, por haberme invitado a los Placeres sintéticos, el electro, Ladytron, por las veladas de Karandirú y la corona de la reina.

La banda ancha de los Beatmap y su molto divo, las peleas por la mixer y el Take me del Sta Rosa, entre muchos otros.

A Christian, mi amor y mi chico que no para de creer en nosotros y en que en verdad la vida no es una mierda, en el sueño de la MetaRadio, en su noción de futuro y en la manera en la que me cuida y me protege, y por ser, junto con mi padre y Juan, los únicos hombres de verdad que quedan en este mundo tan podrido. A Sandrita por aguantarme encima de su novio y ese excelente buen gusto y Laura, por las fotos, los besos. A ambas por ser las chicas lindas que son.

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Isaac Muñoz y su cabecita loca, que no para de justificar las cosas de las que él está enamorado. Una de esas personas que uno simplemente necesita en su vida.

A los Xperimental, por ser mi primer escenario, mi primera casa. Dicen que el primer amor es el que jamás se olvida. A César, por siempre haber creído en mí y ser mi padrino musical, por sus ronquidos. A doña Rocío Evil, por la lindura de chica que es, las chelas de cortesía e inspirarme a hacer ese cover de “The Model”. Valder por hacernos bailar con el electro que seguro tocan en el cielo…o el infierno. A este trío mortal por las noches inolvidables de Xperimental.

Luis Colchado, por ser mi hermano mayor, mi maestro y por enseñarme una técnica invaluable. Por siempre calmarme respecto al futuro, por jalarme las orejas y por María, que es una de las mujeres más maravillosas que hay en este mundo.

A mi Almalune por ser tan glamourosa y por estar siempre ahí, por su perfume y por “tuhermana”. Por los chismes y los viboreos. Por nuestra aventura en DF.

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Aitor y Gerar, los consejos maritales, las exposiciones
, las señoras, el viaje más largo de su vida, el “mepicalapepa” y la tienda de oportunidad.


Carlos Gallán, que creyó en mí y me ha abierto grandes puertas, por estar en esas puertas hasta el último minuto que entre el último cóver y dándole la fe debida a Velvet. A Ana Karla por ser la chica más glam que conozco y por enseñarle a Carlos mi música. Al PKDos.

A Christian Sasek, por creer también en mí, por Cholula y Xalapa. Al Coronel en Xalapa, por también creer en velvet y por esa plática tan maravillosa de Madonna, María Daniela, P Mosh y demás.

Eddie por ser simplemente Eddie y todo lo bueno que ha traído a mi vida. Por Gabo, por nuestro fin de semana apartados del mundo, por la moda, la música, Goldfrapp y Ladytron. Por esos maravillosos días en Guadalajara, en su mundo. Por todo.

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La gente de Guadalajara y una de las noches más fashion de mi vida.

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JuanJo y esa íntima semana que pasamos, las manos quietas, la capilla y los encuentros casuales. Los Fresa Salvaje (Aldo y Dulce, juntos y cada uno por su lado) por los bailes, el paso Mary Danny, Yuri, Raphael y compañía.

Profética y mi jefe, que me han aguantado hasta ahora, y además, me dan de comer.

Ariam por siempre bajarme los humos y hacer con mi cabello maravillas, por la experiencia.

A todos los músicos con los que he compartido escenario, que todos me han enseñado algo: Álex Lug, Pink tape, Toxina Boogie, Sonical Morphina, Tabris, Hypnodermica, La petite Morte, Neurótika, Lissa y los que falten.

A la gente que va a las tocadas, que grita, que baila y que canta. Recuerden, las tocadas son un ying yang hecho del artista y su público. A los groupies y los fans, que hacen leyenda.

Y cualquiera que lea esto, ya que gracias a ello, podemos seguir cada vez más y aspirar a mucho, mucho más.

Gracias y sigamos todos juntos frente a esta incertidumbre de lo que vendrá mañana. Estoy tranquilo, porque sé que eso lo haremos juntos.

- Velvet



Sentías

Por primera vez hoy ha vuelto a llover por aquí. Para mí no hay olor más profundo y evocante que el de la lluvia que se avecina, siempre, con un fuerte viento. Es muy significativo que hoy vuelva la lluvia a mí. Es como un reencuentro con un antiguo amante en el que se sientan en un café a contar todo lo que ha ocurrido desde la última vez que se vieron.

Y ha pasado tanto.

La ventaja de los buenos amantes es que conocen perfectamente esas partes tuyas que nunca van a cambiar y aceptan las cosas nuevas, o al menos, no las cuestionan con ánimos de transformarlas. Entró lentamente por mi ventana, sin que yo me diera cuenta. Al voltear de repente la vi ahí, esperándome a contarle todo.

- Anoche fue magnífico, no pudo ser mejor – comencé; por un instante sentí que por fin había llegado a donde necesitaba, a donde tanto había querido. Sin embargo al minuto siguiente caí en cuenta de que aún no era suficiente, de que faltaba más.

Siempre me falta más. Y hoy me siguen faltando muchas cosas más. Reconozco todo lo que tengo y admiro que la vida no se canse en demostrármelo con esa frecuencia con la que lo hace. Pero siempre el alma me está pidiendo algo más. Tengo miedo de que un día la vida no sea motivo suficiente para vivir.

Por ahora muchas cosas repasan mi cabeza. Particularmente una imagen que al parecer la lluvia trajo consigo como anuncio de que nuevas cosas se vienen. O al menos viejas renovadas.

Yo creía tener esta imagen superada, y creo que así es. Sin embargo ha vuelto con otro rostro. Y es este par de ojos que me miran diciendo cosas que ya sé, pero que últimamente (en el último año para ser más claro) había temido admitir. Me mira y sonríe, llena de paz. Usa las palabras prohibidas, las que taché de todos los diccionarios con el miedo de que algún fantasma volviera gritándolas como lamentos. Pero no, no es ningún fantasma y no se lamenta, sino que me murmura con tanta tranquilidad que me obliga a rendir.

Hubo un tiempo en el que estas palabras que ahora he arrancado de todo vocabulario eran las que construían los días y llenaban los libros, en los que la poesía pagana era la solución a los secretos. Y ahora están volviendo como ecos que resuenan en el mundo, como si éste hubiese adquirido un nuevo color. ¿Es acaso que sí hay más color en este mundo o es la misma mierda de la que buscamos salir? ¿Sigue siendo ésta mi temible pesadilla de la mañana seca y la noche hirviente? ¿O es que la vida sólo se está burlando para hacerme sentir peor al final?

Solía tener un sentido de posibilidad respecto a las cosas infalible; Infalible hasta que caí.

Pero este mal verano que se me quedó trabado no se ha ido.

La imagen vuelve a mi cabeza, cada vez con más frecuencia: El rostro lleno de paz, la sonrisa sin mala intención y los ojos con las palabras diciéndolo todo. La verdad es que no las quiero escribir. No aun. No hasta que vea que son honestas.

La lluvia se ríe de escuchar todo esto. Se ríe y responde sólo con una palabra que encierra todo lo que quería decir:

- Sentías.

Demonios en la mesa (preámbulo del escape de Saló)

Hoy tomé una copa de vino con uno mis demonios más grandes. Nos sentamos en la mesa, diálogamos, nos dijimos las cosas que nos gustan y las que no. Hubo un momento, en el que movida la sobriedad debida, nos sedujimos. Después de unas cuantas caricias del aclohol, mi demonio se dividió, como los diablos en el sentido original de la palabra. Fue entonces cuando comenzó a hablarme suavemente al oído y a recordarme las cosas que solíamos a hacer juntos. En verdad que eran buenas historias: memorias de noches heladas y mañanas ardientes en las que parecía que el sol iba a consumirnos pedazo por pedazo, festines animales en los que nos comíamos la carne unos a otros, sin importar lo que hubiera dentro.

Me recordó también las tardes de lluvia, en las que caminaba solo y sin rumbo, dejando que el agua enfríara un poco más mi cuerpo. Había días en los que eso era posible, ya que el alma tenía el calor debido. El frío del mundo la calmaba. Pero ahora el mundo era un lugar hirviente, en el que hasta el frío quemaba.

- ¿En verdad quieres volver a esas tardes? – me preguntó, con su cálido aliento a ginebra y la boca negra de las cosas que se dicen y no se sienten. De, como diría la canción de mi vida, los “besos que he tirado sin amar”.

“Ya no quiero llevar los labios negros”, pensé.

Hace un tiempo, en el que mis ojos se habían perdido a sí mismos en el eter del placer (¿o viceversa?), me hubiera volteado animalmente a besar esa boca negra. Habría permitido que sus manos hirvientes me desgarraran y que la mirada perdida me llevara consigo a la tierra en la que no pasa nada. Que, finalmente, el cuerpo se quedara hundido en ese pozo que el alma cerraba.

Eso es el ardor en de la vida: dejar al alma destrozarse y pervertirse por el mundo cotidiano y olvidar al cuerpo en un pozo inmundo.

De eso era de lo que hablaba Pasolini en Saló. Yo por fin he conseguido comenzar a escapar de Saló. El año pasado, fue en el que atravesé, lenta y dolorosamente, por los tres círculos del infierno: el círculo de las obsesiones, el círculo de la mierda y el círculo de la sangre.

Mis propias obsesiones y las del mundo me esclavizaron; me revolcaron y me revolqué en mi propia mierda y en la del mundo hasta que me orillaron a desangrarme hacia el olvido. Acabé sucio, con muchas heridas abiertas, e incluso infectadas y sobretodo, vacío.

La vida parecía una noche interminable o una mañana sin nubes, de las que queman, en la que jamás atardecería. A diferencia de las tormentas en las que uno sabe que finalmente el tiempo aclarará y la lluvia se habrá llevado todas las penas, esto parecía un ecplipse, en el que todo mi mundo se oscureció y no nos permitía ver bien.

Sí, mis demonios me acariciaban y me susurraban todo esto al oído. El placer era inevitable, e insaciable, al menos a primera vista.

En un principio me pareció bien dejarme llevar por los excesos de Saló, de mis más de 120 jornadas, pero ya no. Yo también sentí en un momento que dios me hubiera abandonado.

Esta noche volví al escenario acostumbrado. A esa sala de relatos mórbidos en la que mis demonios me seducen con sus sustancias y sus caricías. No contaban con el poder de la memoria. Y no, por supuesto que no quiero volver a todo eso.

Esta vez decidí no besarlo, ni siquiera una discreta caricia. Sin embargo, tampoco salí huyendo; sé que en cualquier momento sólo vuelan a alcanzarme. Esta vez le cogí del brazo y le pedí que se sentara. Me interrumpió pero logré callarlo, ahora quién iba hablar, y directo a los ojos, era yo.

- Vamos a negociar, es hora de que tú escuches a tu demonio.

Y así empecé a salir de Saló y y de uno de los años más oscuros de mi vida.

Saló: La infame destrucción de la belleza

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Ayer vi Saló de Pasolini. Fue una experiencia verdaderamente impactante. Hasta ahora creo que ha sido el filme que más me ha costado visualmente. Lo que más me sorprende es que a pesar de toda la sangre, la mierda, las torturas y demás escatologías, Pasolini no se permite dejar de ser poético. Adaptando las “120 jornadas de Sodoma” del Marqués de Sade, el autor hace una crítica frontal y directa al fascismo italiano de la Segunda Guerra Mundial.

Como menciona John Powers en un artículo aparecido en la web de la Criterion Collection, “es (el filme) más cruel, más obsceno y el trabajo intelectual más tóxico jamás realizado por un gran director. Una vez visto, es imposible olvidarlo”. Y es cierto.

Desarrollándose precisamente en Saló (donde Pasolini vivió varios años de su infancia), cuatro hombres poderosos conocidos solamente como El Presidente, El Obispo, El Duque y El Magistrado (es clara la alusión simbólica de que los personajes principales no tengan un nombre en sí, sino un cargo) deciden secuestrar a 18 jóvenes (9 chicas y 9 chicos) para realizar un ritual libertino en el que casen a las hijas de cada uno. Cuatro ex-prostitutas les acompañan para narrar sus memorias y experiencias más extremas, y así, lograr excitarlos o inspirarlos en las torturas que ejecutarán sobre los jóvenes.

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Existen dos reglas básicas: Cualquier muestra de amor será castigada con la amputación de un miembro y las muestras religiosas, con la muerte.

Así es que comenzamos a atravesar los dantescos círculos que dividen la narrativa de la obra: El Círculo de las obsesiones, el Círculo de la Mierda y el Círculo de la Sangre. Conforme avanzamos de Círculo, las torturas y humillaciones se vuelven cada vez más extremas. Comenzando con violaciones y sodomías “sencillas” en el primero, un asqueroso y literal banquete de mierda en el segundo y las torturas fulminantes en el tercero. Sade y Pasolini repasan la urofilia, la coprofilia y el sadismo (valga la derivación del nombre del autor), entre otras parafilias, hasta su punto más retador e inhumano. Sin embargo, esta revisión no es un análisis de la sexualidad humana, sino los medios que el poder utiliza en su grado más alto de corrupción. En el que, en palabras del propio Pasolini el poder tiene la capacidad natural de convertir los cuerpos humanos en objetos.

La destrucción de la belleza es dolorosa e infame. Seres absolutamente estéticos son deshechos sin compasión alguna. “¿Dios, por qué nos has abandonado?” grita una de ellas en la antesala de las torturas finales. Y veremos entonces, uno a uno y con la mirada fría del director, como es despedazado desde su parte más hermosa. La cámara no se mueve, no corta, se queda estática ante el horror.

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Pasolini mencionaba que su finalidad era en cada toma llevar al espectador al punto más intolerante y una vez ahí, liberarlo de aquella sensación. Y lo consigue, si no me creen, chequen lo que ocurre en la secuencia final y el baile con el que termina.

En un pequeño ensayo escrito por el mismo Pasolini en 1974 habla de los cuatro elementos de estilo básicos del filme: 1. Características de la vida cotidiana de la burguesía acomodada; 2. Una velada reconstrucción del estilo ceremonial y ritual nazi; 3. Obsesivo e incluso excesivo sadismo; y 4. Humor irónico. Éste último para formar el contrapeso necesario ante el horror y que no hagan del filme una obra indigestible.

Pier Paolo Pasolini fue asesinado el 2 de noviembre (curioso, día de los muertos) dicen, en un crimen pasional. Lo cierto es que fue un joven prostituto el que lo atropeyó. Bastante pasionales los motivos, es verdad. Es como si, de alguna manera, su propia obra lo hubiera atacado.

Sé que finalmente lo “importante” de Saló es la crítica hacia el fascismo de la Segunda Guerra, justo como lo mencionan los innumerables artículos y ensayos al respecto. Pero en lo personal, el mayor impacto que tuve fue la aberrante destrucción de la belleza, es decir, de lo humano. He ahí donde radica el elemento trascendente de la obra: en múltiples ocasiones y eras, el humano se ha empeñado en destruir la belleza que le caracteriza. Los métodos han sido muchos, despreciables y terribles todos. Saló no se encuentra excenta de ser adaptada a nuestros días.

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Es una pesadilla de la que, afortunada o desafortunadamente, no nos encontramos distantes, gracias a visionarios como Pasolini y más aún, como Sade. Quiénes vieron, con dos siglos de diferencia, la capacidad del poder de destrozar al ser humano.

Basta salir a las calles, ver la publicidad o simplemente echar un ojo a los medios y descubrir como nos han vuelto objetos. Nos podemos encontrar a nosotros mismos justo como a las víctimas de los 120 días de Sodoma: Atados al suelo, torturados lentamente con el disfrute más perverso. Ahí está, para muestra, la Reality TV. O la comida rápida, en remembranza del repulsivo banquete de mierda.

Y la gente en el poder, sólo se divierte con sus propias perversiones y con nosotros como juguetes. Afortunadamente quedan obras y cosas que nos van a recordar siempre esto, y que nos ayudarán a evitar ser parte de ello. Es
pero.



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