
Ayer vi Saló de Pasolini. Fue una experiencia verdaderamente impactante. Hasta ahora creo que ha sido el filme que más me ha costado visualmente. Lo que más me sorprende es que a pesar de toda la sangre, la mierda, las torturas y demás escatologías, Pasolini no se permite dejar de ser poético. Adaptando las “120 jornadas de Sodoma” del Marqués de Sade, el autor hace una crítica frontal y directa al fascismo italiano de la Segunda Guerra Mundial.
Como menciona John Powers en un artículo aparecido en la web de la Criterion Collection, “es (el filme) más cruel, más obsceno y el trabajo intelectual más tóxico jamás realizado por un gran director. Una vez visto, es imposible olvidarlo”. Y es cierto.
Desarrollándose precisamente en Saló (donde Pasolini vivió varios años de su infancia), cuatro hombres poderosos conocidos solamente como El Presidente, El Obispo, El Duque y El Magistrado (es clara la alusión simbólica de que los personajes principales no tengan un nombre en sí, sino un cargo) deciden secuestrar a 18 jóvenes (9 chicas y 9 chicos) para realizar un ritual libertino en el que casen a las hijas de cada uno. Cuatro ex-prostitutas les acompañan para narrar sus memorias y experiencias más extremas, y así, lograr excitarlos o inspirarlos en las torturas que ejecutarán sobre los jóvenes.
Existen dos reglas básicas: Cualquier muestra de amor será castigada con la amputación de un miembro y las muestras religiosas, con la muerte.
Así es que comenzamos a atravesar los dantescos círculos que dividen la narrativa de la obra: El Círculo de las obsesiones, el Círculo de la Mierda y el Círculo de la Sangre. Conforme avanzamos de Círculo, las torturas y humillaciones se vuelven cada vez más extremas. Comenzando con violaciones y sodomías “sencillas” en el primero, un asqueroso y literal banquete de mierda en el segundo y las torturas fulminantes en el tercero. Sade y Pasolini repasan la urofilia, la coprofilia y el sadismo (valga la derivación del nombre del autor), entre otras parafilias, hasta su punto más retador e inhumano. Sin embargo, esta revisión no es un análisis de la sexualidad humana, sino los medios que el poder utiliza en su grado más alto de corrupción. En el que, en palabras del propio Pasolini el poder tiene la capacidad natural de convertir los cuerpos humanos en objetos.
La destrucción de la belleza es dolorosa e infame. Seres absolutamente estéticos son deshechos sin compasión alguna. “¿Dios, por qué nos has abandonado?” grita una de ellas en la antesala de las torturas finales. Y veremos entonces, uno a uno y con la mirada fría del director, como es despedazado desde su parte más hermosa. La cámara no se mueve, no corta, se queda estática ante el horror.
Pasolini mencionaba que su finalidad era en cada toma llevar al espectador al punto más intolerante y una vez ahí, liberarlo de aquella sensación. Y lo consigue, si no me creen, chequen lo que ocurre en la secuencia final y el baile con el que termina.
En un pequeño ensayo escrito por el mismo Pasolini en 1974 habla de los cuatro elementos de estilo básicos del filme: 1. Características de la vida cotidiana de la burguesía acomodada; 2. Una velada reconstrucción del estilo ceremonial y ritual nazi; 3. Obsesivo e incluso excesivo sadismo; y 4. Humor irónico. Éste último para formar el contrapeso necesario ante el horror y que no hagan del filme una obra indigestible.
Pier Paolo Pasolini fue asesinado el 2 de noviembre (curioso, día de los muertos) dicen, en un crimen pasional. Lo cierto es que fue un joven prostituto el que lo atropeyó. Bastante pasionales los motivos, es verdad. Es como si, de alguna manera, su propia obra lo hubiera atacado.
Sé que finalmente lo “importante” de Saló es la crítica hacia el fascismo de la Segunda Guerra, justo como lo mencionan los innumerables artículos y ensayos al respecto. Pero en lo personal, el mayor impacto que tuve fue la aberrante destrucción de la belleza, es decir, de lo humano. He ahí donde radica el elemento trascendente de la obra: en múltiples ocasiones y eras, el humano se ha empeñado en destruir la belleza que le caracteriza. Los métodos han sido muchos, despreciables y terribles todos. Saló no se encuentra excenta de ser adaptada a nuestros días.
Es una pesadilla de la que, afortunada o desafortunadamente, no nos encontramos distantes, gracias a visionarios como Pasolini y más aún, como Sade. Quiénes vieron, con dos siglos de diferencia, la capacidad del poder de destrozar al ser humano.
Basta salir a las calles, ver la publicidad o simplemente echar un ojo a los medios y descubrir como nos han vuelto objetos. Nos podemos encontrar a nosotros mismos justo como a las víctimas de los 120 días de Sodoma: Atados al suelo, torturados lentamente con el disfrute más perverso. Ahí está, para muestra, la Reality TV. O la comida rápida, en remembranza del repulsivo banquete de mierda.
Y la gente en el poder, sólo se divierte con sus propias perversiones y con nosotros como juguetes. Afortunadamente quedan obras y cosas que nos van a recordar siempre esto, y que nos ayudarán a evitar ser parte de ello. Es
pero.