Libromancia

Another breakfast with you #9
Libromancia

Playlist: Stars – My favourite book; Suzanne Vega – A book and a cover; Joan Baez – Here’s to you; Kings of convenience – The weight of my words (Four tet remix); Honeyroot – Goodbye; Chumbawamba –Salt fare, north sea; Zizi Possi – Merino de Bracaña; The Flaming Lips – Sleeping on the roof; The Stone Roses – Ten storey love song; Juana Molina – Micael; Maria Taylor – Irish good bye; Alaska & Dinarama – Isis; Kylie – In my arms; Hercules & Love Affair – Blind; Miles Davis – Yesterdays; Janis Joplin – Summertime; Love Sculpture – Don’t answer the door; Najwa – Nobody asks; The Raveonettes – You say you lie; Trivalistas – Carnavália; Chicane – Time of your life; Madonna – Love profusion (Headclnr rock remix); Ladytron – Discotraxx; Bent – Invisible pedestrian; The album leaf – Moss mountain town; Saint Etienne – Paper;

Los libros son objetos poderosos. Están llenos de aquellos símbolos cargados de energía llamados palabras. Tan fuertes, que con ellas hemos construido nuestra cultura. Sin embargo, yo soy de la creencia (yo y la mitad de los semiólogos y lingüistas) de que no hay nada más poderoso que la palabra escrita.

Por muy dura que pueda ser la palabra hablada, no tiene la presencia y trascendencia de la escrita. Ya sea digital o en papel, las palabras escritas nos golpean, nos impactan, nos tocan, nos seducen.
Por lo mismo, cuando leí aquel jueves en la pequeña ventana de Messenger las palabras del chico Jäg diciendo: “Siento que nos hemos distanciado” comenzó a crecer en mí la extrañeza sembrada en Semana Santa. Aquella semilla se había convertido en una planta resistente, lista a dar frutos. Sólo que no estaba seguro de que aquellos frutos fueran benéficos o venenosos.
El sentimiento era ciertamente extraño, por un lado sentía una rara liberación, pero por el otro, me sentí encadenado a algo nuevo. Eran las palabras, las palabras que había decidido jugar conmigo y mi libertad.
Por alguna extraña razón, mucha gente se encontraba revuelta por el peso de las palabras aquel jueves.
Por un lado, mi amiga Rosa Elena había lanzado un misil transatlántico en una carta. El objetivo de este misil era una historia que había iniciado hacía prácticamente dos años con Mr. Nape. En un arranque de reinvención, Rosa Elena compró un día un boleto destino a Europa. El plan: no había plan. Durante más de tres meses, mi amiga se dedicó a viajar y reencontrarse. Una de las cosas que encontró o reencontró andando por España, fue Mr. Nape.
Mr. Nape fue el compañero de muchos de los viajes de mi amiga y responde a este nombre dada la exquisita nuca que, según la Ro, posee. Al final, la procrastinadora irredenta tuvo que regresarse antes de lo planeado a México, y faltaron muchas palabras entre ella y Mr. Nape.
Pero el miércoles pasado, aprovechando el viaje de sus padres a Europa, Rosa Elena depositaría en aquel misil todas las palabras no dichas. El no saber el momento exacto en el que Mr. Nape recibiría la carta y respondiese a ella tenía los nervios de mi amiga esparcidos por la ciudad entera. No había manera de contenerla y aquello era simplemente exquisito.
Otro que se encontraba afectado por el peso de las palabras era mi amigo Andrés. Esa noche era la fiesta de Nacotheque en Puebla, y Alan, su ahora ex, le había escrito por Messenger que esa noche celebraría su cumpleaños ahí, justo donde todos nosotros habíamos decidido ir. No se habían visto desde la noche de mi concierto, que habían cortado, y aquel, sería un encuentro importante.
Hablando de palabras escritas, yo me había mensajeado por Myspace con Marcelo Cunning, a quién tenía unos seis meses sin ver, para reencontrarnos en su fiesta, que ciertamente me sorprendía viniera a Puebla.
Pasamos antes a casa de Chavo y Marcos al pre. Esa noche yo no podía tomar, dado que no tenía garganta pero sí mucho antibiótico encima. Después de un buen rato de chisme y plática del under mexicano, nos dirigimos a Nacotheque. En la caravana, íbamos Andrés, Allain, Agnes, Gerar, Chavo, Marcos, Albersano, otros chicos y yo. Cada uno en su propio freakie style.
Cabe aclarar que para cuando llegamos a Nacotheque la mitad de la caravana ya iba lo suficientemente etílico como para pasarlo bien.
Al entrar, lo primero que hice fue ir a saludar a Marcelo y Amylu, que esperaban en una mesa del frente a tocar. Casualmente, Aletya tocaba en el escenario. Estuve un muy buen rato actualizándome con Marcelo acerca de nuestras respectivas vidas y otro con Amylu, conociéndonos, pues a ella era la primera vez que la veía.
Posteriormente, procedí a saludar y felicitar a La Choy por su cumpleaños. Al bajar del escenario, estuve un rato platicando con Aletya acerca de su incursión en el concurso “La Zona” de MTV. Ella dice que lo ve difícil, pero para muchos otros, es posible que ella gane. Si Aletya ganara el concurso, MTV le produciría su disco, un vídeo y un reality show. Siendo ella la representante de México, yo tampoco veo difícil el que gane.
Definitivamente éramos los freakies de la fiesta, por lo que decidimos pasarnos hasta el frente a bailar cuando llegó el momento de que los Nacotheque mezclaran. El momento cumbre de la noche vino con la petición de LaChoy y una de mis canciones favoritas de electro pop español de toda la vida: “Isis”, de Alaska & Dinarama.
“Ni Mitra ni nadie me van a engañar, espero sentada porque yo sé la verdad, y hoy voy a gritar”. Mientras junto con Alaska hacíamos semejante invocación, a mi cabeza vinieron de nuevo las palabras de la ventanita de Messenger del chico Jäg: “Siento que nos hemos distanciado”. Ahí estaba yo, estudiante comunicación, sin voz y bailando con mi absoluta incapacidad de mantener una buena comunicación.
Acabado Nacotheque todo el mundo se esparció. Perdimos de vista a los chicos de la caravana, a Andrés, a Gerar, a Agnes y nos quedamos sólo Allain, Alan (bastante borracho) y yo. Marcelo y Amylu se fueron a seguir la fiesta al evento que Christian había organizado esa noche: la fiesta de Easy Stars All Stars.
Eran las tres de la mañana, estábamos perdidos en Cholula y con Alan gritando incoherencias gracias al alcohol. Tras un rato de búsqueda y de Allain y yo hablando en francés para sólo entendernos él y yo, encontramos de nuevo la casa de Chavo. Y ahí estaban todos. Después de un rato nos fuimos, y el camino de regreso fue toda una aventura: Andrés y LaChoy discutían, Agnes se mareaba, Allain nos guiaba y yo regañaba a Gerar por no poner las manos al volante mientras manejaba bailando y cantando “In my arms”, de Kylie.
Tuvimos que pararnos a que Agnes, Andres y Alan vomitaran. Kylie seguía diciéndonos a todo volumen: “How does it feel in my arms?”. Y fue ahí, justo en ese instante, que mi amigo Gabo decidió llamarme desde Querétaro. “Vengo de salir con el chico Jag, ¿Cómo has estado?, Hace siglos que no sé de ti”.
- Necesitamos hablar amigo.- fue lo único que pude decirle. Llegué a casa
con un vacío en el estómago. Aquella canción de Kylie debía estar dedicada para alguien, al menos en mi cabeza, pero sentía que aquel puesto se encontraba vacío.
“How does it feel in my arms?”, “Empty” sería la respuesta. Entré al departamento y fui directamente a mi cuarto. No quería hablar con nadie, no quería saber nada. No había nadie a quién abrazar o quién me abrazara. Kylie también mentía.
Al día siguiente, el viernes, era mi tan anticipado viaje al DF. Tenía ya tiempo sin ir de fiesta y a visitar a la gente de la gran capital. El plan era ir a Nacotheque el viernes por la noche, el sábado ir con los de Athanor y hablar en torno al marketing de Velvet boy, por la tarde comer con el chico Iron y por la noche ir a alguna fiesta. Y finalmente, el domingo ver a más amigos antes de regresar a Puebla.
Debido a la cantidad de cosas por hacer en Profética, salí el viernes mucho más tarde de lo que había planeado. Previniendo esto, le había pedido a mis amigos que se fueran antes al DF. Gerar, Andrés y Allain deberían de estar llegando al hotel para cuando yo apenas salía de Puebla. Un millón de cosas pasaban por mi cabeza mientras atravesaba la carretera. Lo confirmo una vez más, el camino entre Puebla y el DF es uno de mis favoritos.
Estuve a unos segundos de decidir quedarme dormido en mi casa, pero si ya había organizado todo esto desde hace semanas no podía fallarme.
Afortunadamente, alcancé el metro y me dirigí inmediatamente al hotel en el que se hospedarían mis amigos esa noche. Al día siguiente me quedaría yo en casa de mi amigo Ricardo o de Toño. Una vez llegado al histórico hotel Cónsul, antiguo hotel de putas y que es siempre donde nos quedamos cuando no hay donde quedarse en DF y después de haber pasado la para mí mortal “Glorieta-de-Insurgentes-a-las-doce-de-la-noche”, me dispuse a pedir una habitación.
- ¡Uy, Joven!, ¡Estamos llenos!, ya no tenemos ni un cuarto.
- ¡¿Qué?!- le grité al recepcionista- Seguramente mis amigos ya están aquí, cheque si no hay ninguna habitación a su nombre.- procedí entonces a deletrear y describir a cada uno de mis amigos. ¿Acaso era tan difícil reconocer a tres gays freakies poblanos?
Acabé por concluir que el recepcionista sólo estorbaría a mi misión, el paso siguiente: buscar un lugar para crashear. Cogí mi celular y marqué el número de Nash, amiga de Toño y para estas alturas también amiga mía. Nash es, como dice Toño, algo mucho más que una mujer, es una fuerza de la naturaleza. A sus 21 años se encontraba saboteando instalaciones nucleares en países del tercer mundo, había sido alguna vez encarcelada en Sudáfrica y cientos de viajes más con la gente de Green Peace la hacían uno de los personajes más cool que hasta ahora he conocido. Además de eso, era ahora una diseñadora gráfica e industrial budista, preocupada por la causa. Simplemente exquisita.
- Te puedes quedar en la comuna, no hay ningún problema muñeco.- adoraba que Nash me llamase muñeco, era un rasgo de confianza tan exquisito. La Comuna, es el departamento/oficina de Toño y los chicos de Athanor, que recibe ese nombre dado que acoge a todas las almas necesitadas de un lugar hipermoderno en el que caer.
El plan me pareció perfecto, pues La Comuna, ubicada en Polanco, no resultaba tan lejana de mis puntos de referencia. Hasta que:
- Sólo que hay un problema muñeco, yo estoy ahora en una reunión en Coyoacán,- léase, al otro extremo de la ciudad- ¿Cómo le hacemos?
Consideré que ir hasta Coyoacán para cambiarme y luego ir a Polanco era un exceso. Tras un rato de pensarlo, concluimos que lo mejor sería vernos en la madrugada, después de mi fiesta, en la comuna.
La pregunta ahora era qué hacer con mis maletas y mi transformación en Velvet boy. Recordé que si alguien debía ser de criterio abierto en esta ciudad, eran los taxistas, así que le hice la parada a uno, le di la dirección y le especifiqué: “Joven, tengo el trayecto de aquí al lugar de la fiesta para cambiarme, así que más le vale apurarse a usted y a mí estar listo en los próximos 10 minutos. A menos de que quiera ver un show bastante extravagante, le recomiendo no vea por su retrovisor”.
Me quité la playera, los tenis y los pantalones: me quedé en calzoncillos la gente en los automóviles de los costados sólo miraban con extrañamiento al flaco aquel en el asiento trasero de un taxi, semi desnudo, ponerse ropa extravagante.
Llegué a tiempo: convertido en Velvet y con el cambio exacto. No podía salir peor. Una escena a la Sofía Coppola con los elevadoristas hizo de la experiencia algo aún más surreal. Llegado al “Décimo piso” busqué inmediatamente alguna cara conocida:
- Son $150 de cover joven.- me dijo uno de los guarros de la entrada.
- ¡Pero si es Velvet boy!- un grito a mi izquierda lo confirmaba, era Danahe.- ¡Nada!, ¡Él no paga nada!, ¡Pásame tus maletas cariño!, ¡Bienvenido!
Pasé, y a los primeros que vi fueron Marcelo y Amylu. Tras saludarnos bailamos un rato a New Order y demás delicias ochenteras. Posteriormente me encontré con las Balodeza, Allain, Andrés y Gerar vestían sus atuendos más freakies.
El espectáculo que dieron Eva e Ima, es decir, Afrodita, fue simplemente genial. Yo a ellos los había conocido ya en la sesión de fotos de Chilango de “Stars in Myspace”, pero definitivamente una cosas es la plática face to face y otra su show. Me encanta la capacidad de estos chicos de combinar letras de un misticismo particular con el electro. Me atrevería a decir que son la versión mexicana de “Vive la fete meets Isis de Alaska meets Chico y Chica”.
Posteriormente llegaron los Nacotheque. Y la fiesta reventó. Todos bailamos con todos, conocí gente nueva, bailé con esa gente, bailé con Marcelo, con Amylu, con los Balodeza, con desconocidos. “El recuento de los daños” de la Trevi fue la elegida por Marcelo para cerrar, inevitablemente recordé a Aitor y el baile que hacía con esta canción. Recordé su tatuaje. Y ahí en medio de toda esa conmoción, aparecieron en mi cabeza las palabras inyectadas en el brazo de Aitor “El recuento de los daños”. Las palabras se hicieron pesadas.
Salimos a las 4 am rebotando. Andrés se la pasaba gritando algo que se asemejaba a: “I like those shood” o algo así. Chiste youtubesco que yo, evidentemente, no entendería. Acabé por llevarlos al hotel y posteriormente, transportarme a la comuna. Estaba rendido.
En el camino entre el hotel y La Comuna volví a concluir que esto era lo que me gustaba. No sólo la fiesta, sino la ciudad, la gente, la libertad. Cuando llegué al departamento me esperaba Nach, cansada, pero gustosa de verme. Al irse, comencé a desmaquillarme a Velvet. Al verme en el espejo, vi a una mezcla de ambos, Velvet y Arturo estaban en la misma persona, cansados, complacidos, rendidos. Me desmaquillé.
El rock es algo extraño, a veces para estar lleno de tanta mierda y otras veces, como ésta, parece estar lleno de magia. Me acosté en la cama a ver un programa que seguro era un informercial, no lo supe, pues por primera vez en semanas, me quedé dormido. El ruido de la televisión me despertó a las seis de la mañana para tan solo apagarla y volver a desvanecerme. Dormí exquisito.
A las 10 de la mañana mi celular sonó.
- ¡Chingada madre!.- fue lo único que pude pensar.- ¿Diga?- contesté con algo que más que una voz pareció el sonido de alguna profundidad de una caverna.
- ¡Hola flaco!, ¡Estaba pensando que, qué tal si en vez de comer, nos adelantamos al desayuno!.- era el chico Iron, eufórico.
- Sí claro,- respondió la voz de la caverna utilizando tan sólo una minúscula parte de mi cerebro.
- Excelente, estaré ahí por ti dentro de una hora.
Al colgar, lo que para un ser humano hubiera sido una hora normal, se pasó en un segundo, pues al instante siguiente mi celular estaba sonando.
- ¡Qué onda!, ¡Estoy ya aquí abajo! – era el chico Iron quién, efectivamente, se encontraba estacionando su automóvil.
Me levanté como desesperado de la cama, todavía con un hilo de saliva colgando de mi labio. Genial, la primera vez que me veía desde el concierto de Velvet boy (y la segunda en nuestra amistad) y me encontraba en pijama hecho un desastre. Cuando sonó el timbre de la puerta de abajo del edificio corrí a ponerme un par de jeans. Cuando tocó la puerta del departamento estaba a punto de abrirle cuando descubrí que traía la playera de “Mecatrónica” del chico Jäg. ¿Era debido recibir a un ávido lector de mi blog, como casi primera impresión, con esa playera? Miles de imágenes pasaron por mi cabeza. Mi primer impulso fue correr a la habitación y quitármela. Así que le abrí, despeinado, descalzo y en jeans.
- Pero qué bienvenida tan sexy.- dijo, impecablemente arreglado.
- No preguntes.- contesté.
Esperó a que me bañara y me arreglara. Fuimos a desayunar a condesa. Camino a nuestro destino, tuvo que detener el carro en plena avenida Reforma con un infame tráfico detrás de nosotros y dijo:
- ¡Quiero aclarar que no quiero interrumpir nada entre el chico Jag y tú…- los cláxones de la inmensa fila que teníamos detrás comenzaban su concierto…
- Sí, sí…- le decía yo para calmarlo.
- – ¡Y además!, ¡Quiero que seamos sólo amigos!.- tomó un respiro profundo, cerró los ojos y tomó el volante como si absolutamente nada hubiera pasado.
Mientras chilangos pasaban a mi izquierda mentándome la madre, concluí que como buen sagitario (al igual que él) no podía simplemente quedarme callado. Así que decidí replicar. El automóvil volvió a pararse y el tráfico de Reforma con nosotros.
- ¡Ok!, ¡Ahora que te has descaradamente adelantado a la conversación que planeaba tener en el desayuno te responderé!: ¡En este preciso momento de mi vida no tengo ni idea de qué hacer con mi vida profesional y amorosa entre otras cosas!, ¡Estoy revuelto y tengo mucho miedo!, Y por si te lo preguntabas, sí, ¡Sí me gustas!, ¡Ahora por todo lo que más quieras!, ¡CONDUCE!.
Ahí estaba. Lo había dicho. Había expresado mi miedo y la forma exacta en que me sentía. No dijimos una palabra hasta llegar al lugar donde desayunaríamos.
Durante el almuerzo nos actualizamos de nuestras vidas. Me contó que sus padres ya sabían que era gay, y que aunque no lo tomaran como lo mejor que les hubiera pasado en la vida, tenían una postura bastante racional al respecto, me contó de su sueño de ser cirquero, de las películas que más le gustaban, de las ciudades que amaba, de las canciones que le encantaban, de sus hermanos. Era extraño, pero por primera vez en mucho tiempo yo no hablaba, pues él conocía toda mi historia gracias a este blog.
Caminamos hasta el parque México y seguimos contándonos nuestras vidas. Me habló acerca de su abuela, de cuánto la quería y cómo de niño disfrutaba quedarse en su casa. De repente, una sensación familiarmente extraña me invadió: quería besarlo.
Dejé que él enmudeciera y que se llenara de la luz de primavera que se filtraba de entre los enormes árboles. Sus labios se movían, pero yo ya no lo escuchaba. Me recosté en una banca y me dejé llevar. Sí, estaba en México, en aquel parque, con un conocido desconocido y ahí quería estar, no en otro lugar. Imágenes, muchas, acerca de infinitas posibilidades pasaron por mi cabeza. Las parejas paseando a sus mascotas, los niños jugando, la tranquilidad, fue demasiado para mí.
- Creo que es hora de que nos vayamos.- dije de manera seca.
Pasamos al departamento a recoger unas cosas que yo necesitaba. Ladytron sonaba en mi laptop. La voz en una lengua de Europa del este de Mia Aroyo llenaba el pequeño departamento de piso de duela. Helen Marnie comenzó a cantar:
“Prez gorite, prez poliata
Pod zvezdite, nad zhitata
I know her, used to follow everywhere we’d go / and it’s so sweet now she’s sleeping with the boy I know”.
Él estaba en un sillón rojo y yo en el otro, color blanco, nos observamos.
“The boy I know, knows a pretty girl in every town”.
Sus ojos calvados en los míos.
“And the way they look, / they were made to let each other down”.
Me pasé a su sofá. Platicábamos.
“She got her face from the same house where she stole her clothes
On the same street, there’s a dance hall where nobody goes
Four to the floor, stealing cigarettes of ’90s ghosts
And then at Christmas time, ’till we exceed the recommended dose”
Su cara se aproximaba a la mía.
Prez gorite, prez poliata
Pod zvezdite, nad zhitata
Shte patuvat prez noshta
Risuvat prez denia i shte spiat do obed
Viatarat gi bruli na srebaren MZ
I shte piat gorski chai ot zlaten samovar
Litsata im greiat s ognenen zagar
Y entonces nos besamos. Salvaje y desesperadamente, como si fuera la última noche en la tierra.
Y de nuevo Helen:
“I know her, used to follow everywhere we’d go
and it’s so sweet now she’s sleeping with the boy I know”
Nos separamos, “No, no podemos hacer esto”, nos dijimos el uno al otro. Pero entonces se avalanzó sobre mí y volvimos a besarnos.
“The boy I know, knows a pretty girl in every town”.
Y en ese momento, me paralicé, mientras nos besábamos la imagen del chico Jag se apareció en mi cabeza, entera, doliente.
“And the way they look,
they were made to let each other down”.

Pasé el resto de la tarde pensando miles de cosas. ¿Había acaso sido infiel?, ¿Podía considerar aquello una infidelidad? Porque habían habido otras palabras del chico Jag que me habían pesado demasiado: “Ya no quiero seguir luchando”.

El chico Iron había partido, tenía una fiesta con sus amigos y a pesar de que me había invitado, yo no tenía nada de ganas de ir. Por alguna adecuada razón, ninguno de mis amigos del DF estaba disponible esa noche. Así que me fui a cenar y caminar solo.
- “¿Qué estás haciendo?”-
Fue lo primero que me pregunt
. Toda esta cuestión de la infidelidad rondaba por mi cabeza. A pesar de haber decidido que no podríamos tener una relación, ¿Le estaba siendo infiel al chico Jag?, ¿Debía acaso pensar en ello?, ¿Era justo para el chico Iron? Seguí caminando solo por Polanco a casi media noche, y por alguna extraña razón, me sentí bien. Esa noche necesitaba estar solo.
A la mañana siguiente sonó mi celular a las 9 de la mañana. La escena del día anterior se repitió, sólo que esta vez fui más precavido. Al poco rato llegó Nash por nosotros.
- ¿¡Listos muñecos!?, ¿Qué tal durmieron?- entró emocionada, diciendo.
- Pues…
- ¡Tengo el lugar perfecto para desayunar!- me interrumpió repasando al chico Iron.- Muy buena elección.- me murmuró al oído.- ¿Los gatos no los molestaron anoche?
- La verdad es que Iron no durmió aquí.- le repliqué.
- ¿¡Qupe!?. Pero si tenías el departamento sólo para ti…
- Lo sé es que…
- ¡No importa!, El lugar al que los llevaré es maravilloso.
Efectivamente el sitio que Nash había escogido estaba muy bien, se llamaba “Ocho” (un extraño tributo al Chavo del 8) y tenían unos huevos sobre pan de pizza, que eran simplemente la gloria. Lo que más llamó mi atención, fue que entre las cosas que tenían para que uno se entretuviese en la mesa, eran “Autodefinidos”. Sentí entonces la imperiosa necesidad de rellenar un crucigrama. Nash y el chico Iron habían entrado en gran conversación. Él lucía impactado mientras ella le contaba de su arresto en Sudáfrica.
De repente recordé que estábamos en la capital del país, donde cuestiones como el aborto o las sociedades de convivencia ya se habían aprobado, por lo que decidí ponerle una prueba.
- A que tu closeterismo no te deja darme un beso aquí.- le dije, retadoramente.
- No me tientes.- me contestó con una sonrisa.
- Lo sabía…por supuesto que no te atreves…los chicos como tú no se atreven…
Y entonces me calló con un beso. Aquello se me hizo un gesto tan familiar, que de repente quise quedarme a vivir en esa ciudad.
- Pues has pasado la prueba.- le dije- yo no acostumbro hacer estas cosas, así que nunca esperes que tome tu mano o algo así, me choca, ten en cuenta que esto fue sólo una prueba.
- Sí, claro. – contestó con una sonrisa en los labios.
Y entonces Kylie volvió a formular su pregunta. Esta historia continuará.

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