Posted in abril 2010

Cómo ser un explorador del mundo

Mikel despertó cantando Forever Young. Cuando le pregunté por qué lo hacía me contestó que no sabía, que amaneció con la canción en la cabeza, si es que se le puede denominar “amanecer” a las doce del día. La noche anterior habíamos cenado con sus tíos en casa. Entre la relajación de sentir que por fin estaba en el DF y el vino tinto, decidí que lo mejor sería pasar la noche ahí. No fue sino hasta el mediodía siguiente, con Mikel cantando el éxito de Alphaville que pude checar mejor el regalo que mi amigo me había traído de Nueva York: How to be an explorer of the world: Portable (Art) Life museum, de Keri Smith.

Aunque podría considerarse un libro para niños, va perfecto con mi vida actual. A través de 59 exploraciones el lector debe recopilar los objetos y experiencias más insignificantes, pequeños y absurdos de la vida cotidiana. El libro se basa en la premisa de que todos somos artistas y que, en cualquier momento, sin importar dónde estemos, hay miles de cosas a nuestro alrededor que vale la pena documentar.

Y es que precisamente las últimas dos semanas (a las que fácil podría sumar los últimos dos meses) me han hecho revalorar lo pequeño y cotidiano. De todo este tiempo me centro en tan sólo estas dos últimas semanas porque fueron las que estuve de viaje. Apenas hoy, a las casi dos de la mañana del miércoles 14 de abril, vuelvo a mi cama en el Distrito Federal. Había pensado en dormir temprano, ya que en todo este tiempo no he dormido ni un sólo día antes de la una de la mañana, pero necesitaba escribir esto.

Tras invertir lo que quedaba de la mañana en mi nuevo trabajo (que es hacer/editar/administrar el blog de Jenaro Villamil), decidí hacer mi primera exploración del mundo, según Keri Smith. Como muchos somos faltos de creatividad o estamos muy maleados por la rutina, Keri propone empezar por el sitio en el que se encuentra el lector y hacer una lista de diez cosas de las que no nos hayamos percatado. El chiste es hacerla rápido, sin pensar, para que así el inconsciente nos delate y salgan a la luz los detalles simples que llenan de belleza al mundo. Le recomiendo al lector de este blog que haga algo similar, pues el ejercicio resultó no sólo terapeútico, sino revelador: había olvidado que el mundo estaba lleno de tanta belleza, de tantas posibilidades.

Prometo poner mi primera exploración (con todo y el formato que se propone de etnógrafo de la vida) mañana. Hoy había otra experiencia que no quería dejar pasar sin documentar: mis últimas dos semanas. Sé que me veo demasiado insistente en este período de tiempo, pero es que estas últimas dos semanas han cambiado mi vida como pocos lapsos lo habían hecho.

La lista comienza con Gabo tirado en mi cama y termina con Mikel cantando Forever Young. Entre estos dos eventos, hay una serie de puntos que se conectan, se relacionan y que cambian mi vida. No intenten explicarlos, sólo véanse en ellos.

Bitácora de Documentación de Experiencia

· Fecha: Del jueves 25 de marzo al martes 13 de abril de 2010.

· Hora: Las 24 horas del día (y ese segundo extra o perdido).

· Lugar: DF, Puebla, Oaxaca, Querétaro, Celaya y sus respectivos espacios aéreos, terrestres y marítimos.

· Tema/Evento: Lista de eventos que hicieron del mundo algo maravilloso.

1. Gabo tirado en mi cama, completamente crudo, tras haber confundido las fechas del viaje y haber tenido que resumir una semana de trabajo en tres horas, borrachera incluida.

2. Marina, con un suspiro de ropa, sosteniendo las tres cervezas que serían profetas del viaje.

3. Andrés en medio de la Capu, en Puebla, esperándonos entre cientos de personas a punto de salir de viaje con la única playera roja de la estación.

4. C. a lo lejos, buscándonos entre las mesas del café, con la emoción y el miedo mezclados en la mirada.

5. La historia de Lola la Loca Lobotomizada y su amiga Lagartona la Lesbiana, que tenían que encontrar la Locomotora Lobotomizante localizada en La Lagunilla, con la ayuda de un listón, una lija y un león, cortesía de Lyn May.

6. Oaxaca de noche y un mezcal con sabor a thinner.

7. Marina y Gabo bailando en medio de una calle en reparación, Andrés cantando Alejandro arriba de un tractor y un beso contra la pared.

8. Dramamine genérico y las palabras incompletas.

9. Un restaurante en medio de la Sierra Oaxaqueña con la neblina como si Dios hubiese decidido simplemente borrar el fondo.

10. El mejor café de olla del planeta.

11. La cabra satánica.

12. La cabra satánica (en verdad, merece doble mención).

13. “Si la orden de quesadillas cuesta $35, fueron seis…cuatro atoles, tres cafés de olla…cada uno $20…en total son $100 pesos”.

14. Lady Gaga apareciéndose en medio de la Sierra Oaxaqueña y las mujeres indígenas que saben cantar One more time con vocoder incluido.

15. El vestido azul de Marina la primera noche del Fly de Puerto Escondido, Andrés cantando Alejandro, Shelter y la belleza reventando en el estómago.

16. Leerle a alguien en voz alta el inicio de Franny & Zooey, de JD Salinger, frente al mar.

17. Descubrir que comparten el mismo miedo.

18. Mushaboom en la regadera, 5 am.

19. Gabo y Andrés rompiendo un momento de intimidad.

20. Un enojo que me haría escuchar los pájaros al amanecer.

21. La habitación roja, la azul y la verde.

22. Puerto Escondido, 10 am. DF, 2 de la mañana.

23. La voz de Danette en el teléfono.

24. Cerveza con Pako, Ricardo, Abel, Rosa Elena.

25. Volver a Puerto Escondido en menos de dos días.

26. Amanece que no es poco con Rosa Elena y Gaviota.

27. Los zapatos de Ana Mary durante el desayuno.

28. El calor del jueves santo en la carretera fuera del aeropuerto de Puerto Escondido.

29. La piscina de Tomás.

30. El viento que golpea la terraza del Sativa mientras Tomás y yo mezclamos y Danette canta.

31. La piel de cientos de personas rozándome en La piedra de la Iguana.

32. La voz de mi madre en el teléfono diciendo que soy un milagro, con una migraña espantosa.

33. Las enfrijoladas de Bibi y el agua de limón de Chepe.

34. La soledad.

35. El sol rosa y la luna roja.

36. La azafata Audrey Hepburn que vive al lado del aeropuerto.

37. El rollo de canela, originario de El Cafecito (Puerto Escondido) en el autobús a Querétaro.

38. El letrero de los baños que están fuera de la central de autobuses de Celaya: “Las kk’s más finas de Celaya”.

39. Enchiladas, chismes y otras Ch’s con mis padres y Tere hasta las 3 am.

40. El olor de mi madre.

41. El sol de las cuatro de la tarde en los ojos casi verdes de mi padre. Descubro que es guapísimo.

42. Las servilletas rojas bordadas de la indígena queretana.

43. Lágrimas de felicidad, las primeras, en toda mi vida. Central de Autobuses de Puebla.

44. “Te quiero”.

45. Martes de Cigarra con su tradicional sabor a cerveza quemada.

46. Fischerspooner, Fischerspooner, Fischerspooner.

47. Barfly repleto, la Loba bailando, Marina Gasolina sonando y rebotando por todas las paredes.

48. Mezcal, naranja, sal de gusano, Profética, Ro, Gaviota, Bailey’s y chaser de malteada de chocolate.

49. Q: “You changed your mind?”, A: “No, you changed my mind”.

50. Mikel cantando Forever Young.

Imagen del explorador del mundo a su regreso a tierra nativa-urbana.

Tere, mi abuela, se alista en el baño para dormir

Tere, mi abuela, se alista en el baño para dormir. Yo escribo esto desde el sofá cama ubicado frente a la cama de ella y, en tan sólo unos minutos, ambos dormiremos. Espero yo antes de ella, porque tiene el tradicional ronquido de su madre que es ya histórico.

En un repentino ataque de aventura o de demostrarme que aún tengo la capacidad de ser libre, decidí hacer una visita express a Celaya para ver a mi madre. La semana pasada la operaron de algo bastante común entre las mujeres de su edad, pero bastante intranquilo en los jóvenes de la mía. Es un hecho: tenemos una fobia crítica y crónica a la salud de nuestros padres, porque ello representa su caracterización absoluta como humanos y no seres superpoderosos que pueden con todo en el mundo. Pero más aún, representa la cercanía de su muerte y, por ende, nuestro total abandono en este mundo de esas figuras superiores, casi divinas, que nos protegen.

Ah, pobres de nosotros, que tenemos que descubrir que nos crean y crían seres humanos que son justamente igual de jodidos e imperfectos que nosotros.

No he pisado mi casa en una semana y no la pisaré en otra. Me agrada este placer del viajero, que mientras no tenga el fin que los personajes del libro de Ewan McEwan del que tomé prestada la frase, todo está bien. Intento seguir escribiendo, pero ella me pregunta el signo zodiacal de mi shelter, quiere saber cómo es. Ahora pasamos a la descripción del signo zodiacal de cada miembro de la familia, sus características y diferencias. En otro ámbito me sacaría de quicio, pero me encanta que a ella no le importe si la escucho o no, simplemente me lo cuenta y lo comprendo. De hecho, creo que tiene absoluta razón sobre cada una de las cosas que dice.

Hoy por fin he podido resumirle a alguien de forma muy express los eventos de la última semana y, a manera aún más general, de los últimos dos meses. Mi shelter y ese fascinante it’s complicated que tenemos, mi nuevo trabajo, la música, mis amigos, ellos y todo lo que viene. Puedo creer que por un momento, en realidad, todo podría estar bien. Y lo está.

Esta semana en Puerto Escondido me permitió repasar muchas más cosas que sólo surfers bronceados y DJ Sets: me permitió poner en perspectiva el enorme cambio que estoy viviendo y del que, hasta ahora, no me había terminado de  percatar. No termino de creer que Velvet, los DJ sets, mi nuevo trabajo y hasta mi situación emocional vayan bien.

Esta visita es express e impráctica. Como todo lo que he hecho últimamente. Pero como todo esto, está llena de vida y me da la sensación de estar justo donde necesito. Mañana salgo a las tres de la tarde rumbo a Puebla a seguir con esta aventura que, ahora confieso, me fascina.

El martes toco e un cóctel del Festival Barroquísimo, el jueves veremos a Fischerspooner y el viernes toco en el Fly.

Los dejo porque quiero dormir y estoy en mi derecho. Tengo el presentimiento de que mi semana, al igual que la de todos ustedes, estará simplemente genial.

Quién diría, tal vez si se puede ser feliz.

Cualquiera que diga que en menos de una semana va dos veces a Puerto Escondido

Cualquiera que en diga que en menos de una semana va dos veces a Puerto Escondido puede llamársele afortunado o trabajador; incluso, adinerado. El buen lector de este blog sabrá que, si acaso, reúno un poco de las dos primeras, en lo absoluto la tercera. En mi casa, decir que voy dos veces en la misma semana a Puerto Escondido es para llamarme despistado, un tanto desorganizado con mi equipo y hasta idiota. Pero así es: heme aquí en la terminal 1 del Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México a punto de tomar mi vuelo.

Si los kilómetros que he recorrido en una semana fuesen comida, seguramente algún país africano se vería beneficiado con mis despistes. Lo curioso de todo esto, es que en ningún momento me he arrepentido de esta súbita decisión. Me agrada que la vida sea así de revuelta y, sobre todo, me agrada tener, junto con los que me rodean, la capacidad de resolver estas situaciones absurdas, repentinas e ilógicas.

En un próximo post narraré el por qué de mi repentino regreso a la playa de surfers rubios de dos metros y media neurona. Lo que sí puedo adelantar es que ha sido una semana por demás intensa en la que hubo un viaje digno de película indie cómica, tres conciertos, muy pocas horas de sueño, mucho sol, cuatro personajes únicos, un redescubrimiento personal, un descubrimiento interpersonal y, lo mejor, una cabra satánica. Porque un viaje no es digno de contarse si no incluye cabras satánicas.

A todos aquellos que reciban esta botella, el mensaje es que hoy y mañana por la noche Lionheart tocará en el Sativa, en Puerto Escondido. Culture Vultures y Spring Breakers no pueden faltar.

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