Mikel despertó cantando Forever Young. Cuando le pregunté por qué lo hacía me contestó que no sabía, que amaneció con la canción en la cabeza, si es que se le puede denominar “amanecer” a las doce del día. La noche anterior habíamos cenado con sus tíos en casa. Entre la relajación de sentir que por fin estaba en el DF y el vino tinto, decidí que lo mejor sería pasar la noche ahí. No fue sino hasta el mediodía siguiente, con Mikel cantando el éxito de Alphaville que pude checar mejor el regalo que mi amigo me había traído de Nueva York: How to be an explorer of the world: Portable (Art) Life museum, de Keri Smith.
Aunque podría considerarse un libro para niños, va perfecto con mi vida actual. A través de 59 exploraciones el lector debe recopilar los objetos y experiencias más insignificantes, pequeños y absurdos de la vida cotidiana. El libro se basa en la premisa de que todos somos artistas y que, en cualquier momento, sin importar dónde estemos, hay miles de cosas a nuestro alrededor que vale la pena documentar.
Y es que precisamente las últimas dos semanas (a las que fácil podría sumar los últimos dos meses) me han hecho revalorar lo pequeño y cotidiano. De todo este tiempo me centro en tan sólo estas dos últimas semanas porque fueron las que estuve de viaje. Apenas hoy, a las casi dos de la mañana del miércoles 14 de abril, vuelvo a mi cama en el Distrito Federal. Había pensado en dormir temprano, ya que en todo este tiempo no he dormido ni un sólo día antes de la una de la mañana, pero necesitaba escribir esto.
Tras invertir lo que quedaba de la mañana en mi nuevo trabajo (que es hacer/editar/administrar el blog de Jenaro Villamil), decidí hacer mi primera exploración del mundo, según Keri Smith. Como muchos somos faltos de creatividad o estamos muy maleados por la rutina, Keri propone empezar por el sitio en el que se encuentra el lector y hacer una lista de diez cosas de las que no nos hayamos percatado. El chiste es hacerla rápido, sin pensar, para que así el inconsciente nos delate y salgan a la luz los detalles simples que llenan de belleza al mundo. Le recomiendo al lector de este blog que haga algo similar, pues el ejercicio resultó no sólo terapeútico, sino revelador: había olvidado que el mundo estaba lleno de tanta belleza, de tantas posibilidades.
Prometo poner mi primera exploración (con todo y el formato que se propone de etnógrafo de la vida) mañana. Hoy había otra experiencia que no quería dejar pasar sin documentar: mis últimas dos semanas. Sé que me veo demasiado insistente en este período de tiempo, pero es que estas últimas dos semanas han cambiado mi vida como pocos lapsos lo habían hecho.
La lista comienza con Gabo tirado en mi cama y termina con Mikel cantando Forever Young. Entre estos dos eventos, hay una serie de puntos que se conectan, se relacionan y que cambian mi vida. No intenten explicarlos, sólo véanse en ellos.
Bitácora de Documentación de Experiencia
· Fecha: Del jueves 25 de marzo al martes 13 de abril de 2010.
· Hora: Las 24 horas del día (y ese segundo extra o perdido).
· Lugar: DF, Puebla, Oaxaca, Querétaro, Celaya y sus respectivos espacios aéreos, terrestres y marítimos.
· Tema/Evento: Lista de eventos que hicieron del mundo algo maravilloso.
1. Gabo tirado en mi cama, completamente crudo, tras haber confundido las fechas del viaje y haber tenido que resumir una semana de trabajo en tres horas, borrachera incluida.
2. Marina, con un suspiro de ropa, sosteniendo las tres cervezas que serían profetas del viaje.
3. Andrés en medio de la Capu, en Puebla, esperándonos entre cientos de personas a punto de salir de viaje con la única playera roja de la estación.
4. C. a lo lejos, buscándonos entre las mesas del café, con la emoción y el miedo mezclados en la mirada.
5. La historia de Lola la Loca Lobotomizada y su amiga Lagartona la Lesbiana, que tenían que encontrar la Locomotora Lobotomizante localizada en La Lagunilla, con la ayuda de un listón, una lija y un león, cortesía de Lyn May.
6. Oaxaca de noche y un mezcal con sabor a thinner.
7. Marina y Gabo bailando en medio de una calle en reparación, Andrés cantando Alejandro arriba de un tractor y un beso contra la pared.
8. Dramamine genérico y las palabras incompletas.
9. Un restaurante en medio de la Sierra Oaxaqueña con la neblina como si Dios hubiese decidido simplemente borrar el fondo.
10. El mejor café de olla del planeta.
11. La cabra satánica.
12. La cabra satánica (en verdad, merece doble mención).
13. “Si la orden de quesadillas cuesta $35, fueron seis…cuatro atoles, tres cafés de olla…cada uno $20…en total son $100 pesos”.
14. Lady Gaga apareciéndose en medio de la Sierra Oaxaqueña y las mujeres indígenas que saben cantar One more time con vocoder incluido.
15. El vestido azul de Marina la primera noche del Fly de Puerto Escondido, Andrés cantando Alejandro, Shelter y la belleza reventando en el estómago.
16. Leerle a alguien en voz alta el inicio de Franny & Zooey, de JD Salinger, frente al mar.
17. Descubrir que comparten el mismo miedo.
18. Mushaboom en la regadera, 5 am.
19. Gabo y Andrés rompiendo un momento de intimidad.
20. Un enojo que me haría escuchar los pájaros al amanecer.
21. La habitación roja, la azul y la verde.
22. Puerto Escondido, 10 am. DF, 2 de la mañana.
23. La voz de Danette en el teléfono.
24. Cerveza con Pako, Ricardo, Abel, Rosa Elena.
25. Volver a Puerto Escondido en menos de dos días.
26. Amanece que no es poco con Rosa Elena y Gaviota.
27. Los zapatos de Ana Mary durante el desayuno.
28. El calor del jueves santo en la carretera fuera del aeropuerto de Puerto Escondido.
29. La piscina de Tomás.
30. El viento que golpea la terraza del Sativa mientras Tomás y yo mezclamos y Danette canta.
31. La piel de cientos de personas rozándome en La piedra de la Iguana.
32. La voz de mi madre en el teléfono diciendo que soy un milagro, con una migraña espantosa.
33. Las enfrijoladas de Bibi y el agua de limón de Chepe.
34. La soledad.
35. El sol rosa y la luna roja.
36. La azafata Audrey Hepburn que vive al lado del aeropuerto.
37. El rollo de canela, originario de El Cafecito (Puerto Escondido) en el autobús a Querétaro.
38. El letrero de los baños que están fuera de la central de autobuses de Celaya: “Las kk’s más finas de Celaya”.
39. Enchiladas, chismes y otras Ch’s con mis padres y Tere hasta las 3 am.
40. El olor de mi madre.
41. El sol de las cuatro de la tarde en los ojos casi verdes de mi padre. Descubro que es guapísimo.
42. Las servilletas rojas bordadas de la indígena queretana.
43. Lágrimas de felicidad, las primeras, en toda mi vida. Central de Autobuses de Puebla.
44. “Te quiero”.
45. Martes de Cigarra con su tradicional sabor a cerveza quemada.
46. Fischerspooner, Fischerspooner, Fischerspooner.
47. Barfly repleto, la Loba bailando, Marina Gasolina sonando y rebotando por todas las paredes.
48. Mezcal, naranja, sal de gusano, Profética, Ro, Gaviota, Bailey’s y chaser de malteada de chocolate.
49. Q: “You changed your mind?”, A: “No, you changed my mind”.
50. Mikel cantando Forever Young.
