Una de las cosas que mitigó la poderosa migraña que traía hoy, fue la columna Amelia Domínguez publicada en La Jornada de Puebla hoy. Para quienes no lo sepan, Amelia es una reconocida periodista cultural en Puebla que lleva años ejerciendo su profesión como pocos. Resulta ser también la madre de Ricardo, uno de los mejores amigos que uno pueda tener sobre la faz de este casi finito planeta. Conozco a Amelia desde que tengo quince años, la edad en que conocí a Ricardo y que juntos salimos del clóset, y cada vez Amelia me sorprende más.
Para el grupo de amigos que en el post pasado categoricé de “Stand by me” (o para los ya más metidos en la jerga de este blog, los Balodeza), ha sido fundamental la relación con nuestros respectivos padres desde que cada uno asumió abiertamente su sexualidad. Pero también, ha sido muy importante la relación con los padres de los otros, quienes de alguna manera u otra nos han adoptado con los años. Mi madre siempre lo ha dicho: “Llegué a Puebla con un hijo y salí con cinco”.
De hecho, ella fue la primera en adoptarnos como familia al haber sido yo el primero en salir del clóset. Nos esperaba siempre a las 3-4 am en la cocina de la casa, con cigarro en mano, para que le contáramos cómo nos había ido esa noche en el antro. Siempre que uno estrenaba novio, ella era presentada casi a manera de suegra; de igual forma que, a toda ruptura, ella siempre tenía algo que decir. De hecho, mi madre siempre tiene algo que decir.
Con los años, los accidentes y muchas otras vueltas, las madres de los otros se fueron integrando de una manera u otra. Al ver cómo evolucionaba la familia y la indirecta unión que teníamos, Ricardo había buscado la forma de juntar a nuestros padres y, como todo lo que hace Ricardo, sacarle alguna clase de provecho.
La idea y esfuerzos de Ricardo se vieron por fin materializados en algo que Amelia no comenta en su columna, pero que considero esencial mencionar: un grupo de Padres por la Diversidad Sexual. En este caso, Amelia y los padres de otros amigos conforman este grupo. La defensa por los derechos sexuales debe venir de voces tan diversas como la sexualidad misma, voces con las que otros puedan sentirse identificados.
Si este sábado 29 de mayo, que es la IX Marcha LGBTI de Puebla, la sociedad poblana ve que no sólo las lesbianas, homosexuales, bisexuales, transgéneros, transexuales e intersexuales son parte del Colectivo, sino también la gente que le quiere, entonces podrá comprender que, después de todo, tal vez no sea un asunto tan grave y alarmante esto de la sexualidad. Más aún si ve a un grupo de padres que no les importa la sexualidad de su hijo y están orgullosos de ellos, tal como son.
A toda la gente de Puebla, o incluso de otra parte que esté interesada en este grupo, mande un correo al autor de este blog (loria.arturo@gmail.com) para fortalecer esta gran idea.
Pero, sin más rodeos, les transcribo el texto:
VIOLENCIA O AMOR, CUESTIÓN DE PREFERENCIAS
por Amelia Domínguez
En México, y en Puebla particularmente, existen voces que pretenden que los homosexuales y lesbianas sigan en el closet, que no exijan o ejerzan sus derechos: a contraer matrimonio, a adoptar hijos, inclusive a besarse en público. “Es antinatural”, alegan unos; “no es normal”, señalan otros, negándoles con estas expresiones su naturaleza humana.
Es cierto, no es normal aún, pero es precisamente por lo que están luchando, si normal es lo que está establecido dentro de las normas o reglamentado; será normal, cuando las leyes les otorguen plenamente esos derechos. Cuando esto sea, la sociedad en general empezará a verlos como “normales”.
Ocultarse, como lo hicieron tantos años –o siglos–, encerrarse, guardar las apariencias, actuando de acuerdo a un género, masculino o femenino, cuando lo que sienten, piensan, desean, es lo contrario a lo que son externamente, sólo les creará conflictos, infelicidad, malestar, depresión e inclusive los conducirá, en muchos casos, al suicidio.
Generaciones anteriores –y recientes– de homosexuales, hombres y mujeres, para evitar el rechazo social, la homofobia, que antes se llamaba de otra manera, tuvieron que vivir una doble vida. Aunque algunos osados, desde la trinchera del arte, hayan mostrado abiertamente sus preferencias, enfrentando el rechazo, por ejemplo: Salvador Novo, Marguerite Yourcenar, Luis Zapata, Nahum B. Zenil, por citar unos cuantos.
Como lo pretenden los grupos conservadores y la iglesia, negarles la visibilidad, el ejercicio de sus derechos, no hará que los homosexuales y lesbianas desaparezcan, sino al contrario; por otro lado, las actitudes y declaraciones abiertas de “líderes de opinión”, en contra de estos grupos, incrementan el odio, la violencia, los asesinatos. Y esto es evidente: la Comisión Ciudadana contra Crímenes de Odio por Homofobia, documentó que el número de asesinatos por ese motivo, se duplicó en los últimos años. De 28 asesinatos de personas homosexuales al año, entre 1995 y 2000, se registraron 59 a partir del 2001 a la fecha.
La organización y la lucha de la comunidad gay desde la década de los setenta, han logrado, por ejemplo, que el 17 de mayo de 1990, la Asamblea General de la Organización Mundial de la Salud (OMS) suprimiera la homosexualidad de la lista de enfermedades mentales y a partir de entonces, en esa fecha, se celebra cada año a nivel mundial la lucha contra la homofobia.
En Puebla, diversas organizaciones realizan en torno a esa fecha, actividades artísticas, culturales y académicas, que contribuya a informar y concientizar a la sociedad en torno a sus demandas. Este año, entre esas actividades, se incluyó un acto simbólico de celebración de matrimonios gays, en el zócalo de la ciudad, el propio lunes 17 de mayo, con el fin de que primero la ley de convivencia y después el de matrimonio se presenten como iniciativas en el Congreso del estado, y en un futuro, se aprueben, tal y como lo ha hecho la Asamblea de Representantes del DF.
A dicho acto, acudieron no sólo la comunidad homosexual, sino simpatizantes a su causa, como la diputada priista Rocío García Olmedo y el diputado José Manuel Benigno Pérez Vega, del Partido del Trabajo, así como padres, madres, familiares y amigos de los convocantes.
Llegaron también la prensa, curiosos y personas homofóbicas, de las cuales por lo menos dos se manifestaron abiertamente en contra de ese tipo de actos. El más peligroso, un varón de edad madura, bien vestido, que dirigiéndose a uno de los padres que repartía propaganda, le dijo en tono amenazante: “¡Si el próximo año ellos vienen y hacen otra vez un acto como éste, en el que piden se les reconozca el derecho a casarse, entonces yo tendré el “derecho” de venir con una pistola y matarlos!”.
Actitud similar adoptó al respecto el conductor de un programa de radio local, Ricardo Bojalil, quien reprobó también el que se haya escenificado en el zócalo de Puebla los matrimonios homosexuales y clamó porque este sector se quede en el closet, ocultando sus preferencias; llegó inclusive a insultar a ambos diputados por haber asistido en calidad de testigos de dicho acto. Uno de sus argumentos o preocupaciones, fue el de que cómo iba a exponer a sus hijos a que vieran como algo natural a dos hombres o dos mujeres besándose y qué explicación les podría dar al respecto.
Y es claro, el machismo que predomina en la sociedad actual, hace que personas como Bojalil y millones como él, vean y acepten como más “natural” los signos de violencia que motivan a que dos o más hombres se maten entre sí, con un odio exacerbado, como está ocurriendo con mayor frecuencia en México, a que dos hombres o dos mujeres, se besen, en franca manifestación del amor que se profesan. ¿Qué imagen de estas dos, preferiríamos que vieran nuestros hijos?
El próximo sábado 29 de mayo, la comunidad homosexual y simpatizantes, saldrán del Parque Juárez a las 11 de la mañana rumbo al zócalo en la denominada IX Marcha del Orgullo, la Dignidad y la Diversidad Sexual Puebla 2010, como conclusión de esta jornada contra la homofobia.
Quien esté interesado en consultar el texto original, puede hacerlo aquí.
Este texto es justo como todo lo que hace Ricardo: discreto, indirecto y poderoso ¿Qué está diciendo aquí Amelia entre líneas? Amo a mi hijo y estoy orgullosa de él. No nos damos cuenta, pero ya está dicho y, mejor aún, registrado. Es simplemente ese aire de familia que ninguno de los dos puede negar.




