Arturo Loría, Velvet Boy y los chicos del montón contra la quarter life crisis

A tres años, cinco meses y once meses de vida -sí, esta es la primera vez que este blog declara su verdadera edad-, he cambiado por fin el subtítulo con el que comencé. No más “Días intensos y noches más negras del chico de terciopelo”. Sí, este blog se sigue llamando y se llamará hasta su fin -que seguramente será el mío- Los días intensos, porque simplemente no hay otra forma de describir mi absurda cotidianidad. Y porque para ser sincero, no se me ocurre otra cosa más original o simplemente me da hueva pensar en algo más. Pero ya basta de aquello de días intensos y noches negras y bla bla bla.

Cuando comencé Los días intensos, tenía 21 años y estaba dejando la adolescencia. Dicho de otra manera, una más honesta, era demasiado azotado, prácticamente un emo sin indumentaria. Por si no me creen, recomiendo al lector consultar el primer post de este blog: Goodbye, Ruby Tuesday. En ese entonces la vida -de acuerdo a lo que narro- me trataba muy mal, traía el cabello más largo que nunca, trabajaba en Profética, vivía solo en un departamento en el centro de Puebla, hacía música, comenzaba a ser DJ y usaba ropa de segunda mano. Véase figura 1.

21 años, edad de la irresponsabilidad, en mi antigua oficina en Profética. Nótese el suéter “quiero-ser-Kurt-Cobain”.

Casualmente, la imagen fue tomada la misma semana que escribí el primer post de este blog (mi obsesión aristotélica de clasificación lo confirma). En ese entonces no tenía ni idea de lo que se vendría tres años, cinco meses y once días después. Por si le interesa saber todo lo que ocurrió en este lapso, le recomiendo que lea una y cada una de las entradas, que no pienso ponerme a escribirlo a la 1:25 am.

Esta semana pude salirme por un rato de mi vida e indirectamente repasarla. En la más grande de las ironías cuasi bíblicas, volví a vivir una semana en Puebla, a pesar de haber jurado no volver a esta ciudad por más de dos días -y de hecho, volver sólo si había dinero de por medio-. En este repaso, me percaté de los últimos posts en este blog y descubrí la cruda verdad: eran asquerosa, terrible e inevitablemente (aquí tienes Téllez-Pon, tres adverbios corriditos) emos. Sé que con el comentario anterior y tal vez por ser queretano pueda pensarse que tengo alguna especie de odio hacia este colectivo, pero no, simplemente concluí que estaba ahogándome dentro de mi propio vaso de agua, que vaya usté a saber si está medio lleno o medio vacío.

Lo anterior cobra mucho sentido al salir públicamente del clóset de mi Quarter life crisis. Lo pongo en inglés por dos simples razones: la primera es que considero que este término es intraducible al castellano y la segunda es que si en el habla soy bastante pocho puedo serlo también en mi escritura. Finalmente este es mi blog, goddammit!

Todo comenzó con un artículo que Rosa Elena me pasó el 18 de enero de este año (lo sé porque ese mismo día publiqué un post, de un asunto distinto). Básicamente la Quarter life crisis es la que le da a todos los jóvenes entre los 23 y 25 que acaban de terminar su carrera y de repente se encuentran frente al infinito mar de incertidumbre del que hablaba en el post de hace unos días.

Huevapedia Wikipedia enumera algunas de las principales características de los que nos encontramos inmersos en esta situación y que no podrían describir mejor mi situación actual:

· Darse cuenta de que los propósitos y metas personales no tienen sentido alguno.

· Confrontar la propia mortalidad.

· Inseguridad total respecto a los logros actuales.

· Reevaluación de las relaciones interpersonales cercanas.

· Decepción del trabajo propio.

· Nostalgia de la vida universitaria.

· Tendencia a tener opiniones más radicales.

· Aburrimiento en las interacciones sociales.

· Estrés financiero.

· Estrés financiero (¿Ya lo había escrito?).

· Estrés financiero (¿Seguros que no lo he mencionado ya?).

· Mis noches de los jueves Soledad, depresión y tendencias suicidas.

· Deseo de tener hijos (yo agregaría mascotas).

· La sensación de que todo el mundo está, de alguna manera, haciéndolo mejor que tú (¿Quién escribió esto? ¿Dios?).

· Frustración con las habilidades sociales.

Lo interesante del caso es que, si no estuviese metido en mis masturbaciones mentales flagelatorias, podría darme cuenta de que estoy en una de mis mejores etapas: tengo dos trabajos que disfruto como nada en el mundo (a pesar de que la QLC me haga creer lo contrario), viajo como mercader judío (cosa que me fascina), veo a mis amigos más seguido, veo a mi familia más seguido y, chisme para blogs del corazón y comentarios en Facebook, estoy iniciando uno de los romances más chidos que en mis 24 años de crisis he tenido.

Pero no, ahí va la burra al trigo, al monte o a donde sea que tenga que ir la burra. Insisto en martirizarme y escribir posts como los anteriores que deberían venir acompañados de una foto oscura mía con un poema escrito en tipografía desgarrada en color rosa encima, a la que sería bueno ponerle algún subtítulo como “las lágrimas del tiempo” o “la sangre incomprendida”. O ya de pérdida anexar una fotografía de Edward Cullen.

Me rehuso categóricamente a volver a eso, ya lo hice a los 21 (véase figura 1) y no pienso recaer en ello. Es comprensible también que sienta que vuelvo a los “Días más intensos y las noches más negras del chico de terciopelo” porque a mis 24 la vida me trata a veces bien, a veces mal; sigo, indirectamente, trabajando para Profética (aunque ahora trabajo para alguien más), traigo el cabello casi tan largo como a los 21, vivo con una roomie en un departamento en el DF (y en tres casas más), hago música, soy DJ y uso ropa de segunda mano. So, things haven’t changed that much, have they? Véase figura 2.

24 años, la edad de la crisis del cuarto de vida, en una de mis casas temporales en Puebla. Nótese el look ”quiero-ser-cuan-white-trash-me-sea-posible” y el gesto “quiero-verme-cool-noventeramente”.

A lo que voy: No más posts emos! No más posts emos! No más posts emos! Si los cuarentones se compran un carro último modelo y salen con chicas 20 años más chicas para afrontar sus mid-life crisis yo cambio mi blog, renuevo mis votos de escritor y salgo con alguien tres años menor que yo.

Bienvenidos a la era de “Arturo Loría, Velvet Boy y los chicos del montón contra la <i>quarter life crisis</i>” en la que asumimos nuestra QLC, tumbamos miedos adolescentes, nos asumimos sarcásticos y tratamos de disfrutar un poco más la vida, que por algo nos quemamos seis años el culo en la universidad.

A pesar de haber llegado tarde -y por ende hacer un coraje de niño de tres años- al concierto de Mono Blanco de hoy, me permito citar dos versos de los jarochos para concluir este post y comenzar la nueva era de este blog:

“Quién fuera como la palma, que siempre vive con calma” y “Dijo un sabio veterano con filosofía (…) para todo ser humano hay un chuchumbé en la vida”. Si hacemos caso al sabio veterano, yo ya encontré el mío.

NOTA 1: Agradezco las muestras de afecto de todos los desconocidos de Facebook que quieren “conocerme” o “saber quien soy” o que dicen “tengo una personalidad bien bonita” o que “pienso bien bonito”, espero pronto poder retribuir tanta bondad.

NOTA 2:  Si vuelven a ver un trazo de EMOidad en mis posts, mándenme ese vídeo de la Duquesa de Alba que tanto miedo me da.

NOTA 3: Sí, sí, sí, lo admito. Siento envidia del blog de Jenaro que recibe 1000 visitas diarias y yo sólo 7. Así que sí, queridos lectores, los uso para alimentar mi ego.

NOTA 4: Por todos los puntos anteriores, volveré a mi escritura frecuente, pésele a los budistas a los que les pese.

Cambio y fuera.

2 pensamientos en “Arturo Loría, Velvet Boy y los chicos del montón contra la quarter life crisis

  1. Oh! no sabia q usted tenia la misma edad que mi sobrino que apenas va a entrar al kinder jajajaja

    yo aun no entro a la QLC, pero con eso de q soy ama de casa, creo q ya paso los cuarenta

    Y usté no se preocupe x las visitas q recibe Jenaro, yo estaré obsesivamente detras d asté toda la vida (jajajajajaja no suena muy alentador XD )

  2. Me encanta todo de este post. TODO. Amo white trashiness y a-m-o coolness noventera.

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