Hoy tocó hablar con Natalia, que como buena amiga a distancia, es parte de mi inevitable comunicación intermitente. En algún punto de la conversación surgió el tema de la “Gente buena”. No entraré en mucho detalle respecto a este punto, porque me caigo de sueño, pero éste es justo un pensamiento que he traído en las últimas semanas en mente.
¿Quién es la gente buena? ¿Existen? ¿Están escondidos en algún lado? ¿Tienen algo de especiales? No pienso caer en el maniqueo juicio de que hay gente buena y mala. Es estúpido pensar que las personas somos tan absolutas.
Por lo mismo, creo que la gente buena somos todos. Siempre hacemos algo o queremos hacer algo por los nuestros. Y la verdad no es tan complicado: es simplemente ver las cosas como son, y hacerlo, que hay mucha gente detrás haciendo algo por nosotros.
Y es justo también por eso que a veces no entiendo al mundo. A veces no entiendo cómo hay gente que, vamos, sé que es buena, pero se aparecen con una ganas de joder al prójimo inexplicables. Muchas veces me gustaría detener a esa gente y preguntarle “¿Te das cuenta de lo que estás haciendo? ¿Para qué chingados te sirve?”. Pero claro, no siempre se puede hablar, no siempre nos quieren escuchar.
En realidad no es tan complicado procurar hacer las cosas bien, pero parece ser que hay mucha pereza por parte de muchos. Y no sólo eso, hay demasiado miedo, resentimiento y dolor en mucha gente que, encuentra como única salida, joder al prójimo.
A todas esas personas sólo puedo decirles: créanme, eso no funciona. Y aprovechando que están aquí, me gustaría pararlos y preguntarles: ¿Se dan cuenta de lo que están haciendo? ¿Les sirve de algo?