Vaya día caótico el de hoy. Con esta caída de Megaupload, pareciera que acaban de asesinar al archiduque Francisco Fernando del Internet. Y todo ha comenzado a hervir. Yo he vivido mi propio hervidero particular: entre hacer el debido reporte de este suceso, mis actividades cotidianas en los blogs, las listas de Masturbación Musical y sus cosas diarias, así como ese extraño desasosiego en el que todo este asunto de SOPA y PIPA me tiene metido, pues sí, la verdad es que también me siento hervido.
Hoy fue uno de esos ya clásicos días que debo pasar al menos una vez a la semana 15 horas con el culo pegado al asiento construyendo mis pequeña matrix desde aquí. No me quejo, si esto es lo que me gusta (y, además, si mis planes sale como espero). Pero la verdad es que cuando se pasa tanto tiempo trabajando entre la virtualidad y la realidad, la vida adquiere una consistencia un tanto gelatinosa que es resultado del constante paso de los solidos de la realidad a los pixeles. Y pues sí, cuando llevo todo el día en este intermedio, termino como gelatina. Ahora súmenle eso al hervidero que mencioné antes y entenderán que en este instante estoy completamente líquido.
Pero no se preocupen, mañana recuperaré mi consistencia. Y es que a pesar de que no lo he puesto por aquí -cosa que debí haber hecho-, mañana hago por la noche una de esas cosas que tanto disfruto: mañana, Chucho y yo tocamos en el Barfly en Cholula. Dejo abajo la información.

Haremos una noche de disco, nu disco, italo (¡Sí, italo!), mi amado electro y algo de tecno. Los dos llevamos ya tiempo queriendo entrarle al italo, el año pasado nos fuimos mucho con el Garage House, anduvimos muy Chicago. Ahora, además de paninaros queremos ponernos más Detroit. Y pues, eso será parte de lo que vean mañana, que supone ser el inicio de una serie de fiestas más enfocadas a cada género.
Además, estoy haciendo otra cosa que me emociona mucho. No entraré mucho en detalle, porque creo que eso merece otro post, pero me limitaré a decir que hace unas semanas descubrimos un CD con grabaciones viejas mías, canciones que hice entre 2001 y 2003 que nunca han visto la luz. De hecho, esas grabaciones las encontramos poco antes del concierto con Yelle y nos vimos muy tentados a incluir algo o alguna de ellas en la presentación, pero tanto Chucho como yo consideramos que esas canciones merecían más tiempo. Quiero hacer algo especial con ellas, así que en los siguientes días es posible que se encuentren con el yo de hace siete años.
Pero es justo cuando me estoy encaminando con este tipo de cosas, con los proyectos que tengo para mi música y mis blogs, que de repente me acuerdo que un grupo de ancianos gringos que en su vida han tocado una computadora y que mucho menos han sido tocados alguna vez por esa magia que llamamos música que, en menos de una semana, decidirán sin ton ni son el destino de miles de millones de personas a través de dos decisiones, que un principio, parecen un tanto inocuas.
¿Cómo compartir cuando sea ilegal compartir? ¿Qué no se trata acaso de eso tanto el internet como la música? ¿Compartir?
Con la caída de Megaupload fue inevitable que pensara en el asesinato de Francisco Fernando: un suceso impactante y un tanto pequeño (limitado sea tal vez la palabra más adecuada) que acabó desencadenando (oh sí) una serie de eventos desafortunados.
Todas estas ideas y el estrés cotidiano me dejaron, como mencioné previamente, hervido, líquido. Es por eso que en esta hora del día he decidido recurrir a ese bálsamo que siempre me calma por las noches y me serena: Zbigniew Preisner. La música del paraíso.
Hace unos meses pude conseguir, por fin, Silence, Night and Dreams (2007), una de las pocas piezas del polaco que faltaban en mi colección. Mi habitual descuido, hizo que me olvidara que tenía ese álbum, y fue hasta hace unas noches de insomnio, que lo descubrí y que recordé que Teresa Salguiero participa también en él. En efecto, queridos lectores: una combinación de ensueño y, seguramente, el sonido que la gente del paraíso imagina pertenece al paraíso.
Fue cuestión de darle play para que las 14 horas de trabajo, los problemas del mundo y ese hervor que nos está quemando a todos, se cristalizaran con la voz de Salgueiro y la música de Preisnier.
Sí, queridos lectores, el mundo puede detenerse por unos minutos, cuando ustedes quierean y como ustedes quieran, que para eso se hicieron estas cosas. Si hay una guerra cultivándose por ahí, más nos vale estar serenos.