Las invasiones silenciosas parecieran ir cediendo. A veces ganan ellas, a veces gano yo. Estos días he sido muy afortunado y he recibido muestras, muy pequeñas tal vez, de que todo el trabajo ha valido la pena. Pero por pequeñas que sean esas muestras, se sienten como algo enorme. Proyectos surgen, alguien te llama, te llega un mensaje, y de repente pareciera que los engranes del universo comienzan a ponerse en marcha.
Ya lo había olvidado, pero pese a mí excepticismo, sí creo que el universo responde a lo que uno da. Y no digo que esté dando grandes cosas ni que sea la persona más entregada (asumo que la gente más entregada recibe resultados más inmediatos), pero sí he tenido muy buenas señales estos días.
No las quiero revelar todas porque, pese a mis excepticismos, tengo mis propias supersticiones, y una de ellas es no revelar las cosas hasta que ya estén realizadas. Así pues, la única señal de la que hablaré es, casualmente, la que más me ha dado esta sensación de que todo ha valido la pena.
Ayer, mientras estaba trabajando, me abrió una ventana de chat una antigua compañera de la preparatoria, Una chica a la que no había visto desde que salimos de la escuela y con quien, seguramente, no había conversado desde entonces. A partir de la universidad ambos perdimos todo contacto y, ciertamente, no somos el tipo de persona que el otro frecuente, no nos movemos en los mismos mundos.
Nos saludamos, intercambiamos un par de palabras, y entonces me dijo: “Me agregué a un blog hace tiempo, no sé si tú me mandaste la invitación”. Le pregunté que si era un blog de música y respondió que sí; para rectificar, le pregunté si el blog se llamaba “Masturbación Musical” (asumo que no habemos muchos con ese título), a lo que también respondió que sí.
En ese momento pensé que me diría que cómo podía haber hecho un sitio con un título tan ofensivo al ojo común, que de seguro estaba harta de estar recibiendo notificaciones casi cada hora o que no le interesaba en lo absoluto nada de la información que recibía. Y entonces ella me dijo: “La verdad es que al principio no le entendía mucho, pero ahora, ya cada vez que sale alguna actualización tengo que leerla, está interesante”.
Pese a que había dicho esto último, yo seguía sin estar seguro de hacia dónde iba esto, entonces le dije: “Mientras te guste, todo está bien y si llegan a molestarte las actualizaciones, con toda confianza puedes dejar de seguirnos y no hay problema. O también si tienes sugerencias, son bien recibidas”.
A lo que respondió: “No, está bien así, de hecho me ayudó un poco. Antes de leerlo me limitaba a escuchar la radio, ahora muchas de mis canciones son propuestas de las que han puesto en el blog, y están muy buenas”.
Sé que esto podría sonar a la típica cantaleta de “Oh sí, le estamos cambiando la vida a alguien”, pero es que lo es. Aunque sea en algo tan mínimo, tan pequeño, hemos conseguido cambiarle la vida a alguien. Ahora escucha canciones que antes no escucharía. Canciones que no son mías, sino de todos y canciones que deben llegar a todos.
Evidentemente el mayor crédito lo tienen los músicos que hicieron todo ese trabajo y la gente que estuvo de por medio para que eso pudiera llegar a nosotros. Pero que nosotros podamos ser uno de esos intermediarios para poder hacer llegar eso a alguien más, y que le cambie la vida, es simplemente increíble.
En el blog, de vez en vez, recibimos comentarios como ese. No me importa realmente si tenemos el alcance o no de otras páginas, así nos leyeran sólo tres personas, si a esas tres personas les estamos cambiando esa parte minúscula de la vida, entonces vamos bien, estamos haciendo las cosas bien.
Son cosas pequeñas, diminutas, pero que a mí me resultan enormes.
