Las cosas que hago por Elly

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En este momento, mientras escribo, mezclo en una posada para la que me contrataron este fin de semana. Existe una gran diferencia entre cuando me contratan para tocar en un bar y cuando me contratan en fiestas “privadas” -si es que hay que darle un nombre a este tipo de contratación-. En el caso de los bares, se puede desplantar lo que comúnmente se conoce como Velvet Style, es decir, estructuro todo un set con base en géneros, beats, tendencias musicales y líricas. En pocas palabras, hago una especie de statement musical a través de lo que toco.

Pero hay otro tipo de DJ Sets que ejerzo, los que hago para pagar las deudas o sacar para comer, y son este tipo de fiestas, en las que me contratan para animar a la comitiva. Hasta ahora, he experimentado todo tipo de situaciones y eventualidades, buenas y malas; sin embargo, es aquí donde se da una de las cosas que más odio como DJ: las peticiones.

Creo firmemente, y tras más de un año como DJ, que no existe gaje más detestable de este oficio que las peticiones ¿Por qué? Porque a la gente en las fiestas les entra la firme convicción de que ellos son los DJs y de que el tipo -o la tipa- detrás de la cabina es una mera jukebox a la que se le echa una moneda y te pone una canción. Ellos son los que saben, pero uno es el que hace.

He de reconocer que gracias a esto es que he conocido muchas canciones y grupos que normalmente no pondría. Creo que Calle 13 es el mejor ejemplo de esto. En un principio me negaba absolutamente a ponerlos, pero tras estas fiestas, he reconocido la calidad de lo que hacen y la verdad es que ahora me fascinan -física y musicalmente-. Lamentablemente, son pocas las veces en las que esto pasa y uno termina poniendo a grupos ciertamente prescindibles.

Sin embargo, es también posible un fenómeno a la inversa: hacerle llegar a la gente la música que, en circunstancias normales, no escucharía. Y ahí entran las cosas que hago por Elly Jackson, vocalista de La Roux, que aunque esté poniendo cumbia, salsa, rock en español o merengue, encuentro el momento y el espacio de meter el remix que Copycat hizo de Bulletproof, una belleza de neo-italo disco que además de ser una de mis canciones de 2009 ha demostrado ser tremendamente efectiva  en la pista, incluso para aquellos que no la conocen.

Así como resulta molesto que le estén pidiendo -y a veces, exigiendo- canciones a uno como, es proporcionalmente gratificante descubrir que hay quiénes están dispuestos a bajar la guardia y bailar a ritmos nuevos. No sólo a eso, sino a apropiarse de ellos.

Este tipo de fiestas son, pues, cosa de reciprocidad, entendimiento y vulnerabilidad -hey, ven cómo sigo firme en mi propósito-: uno tiene que ceder ante ciertos temas en pos de que la fiesta siga y la gente no termine sentándose o yéndose. Lo mejor es cuando llegan con la pregunta: “Oye ¿Y esa canción cuál es?”, “¿Quién canta?”, “¿Qué es eso?”.

Las cosas que hago por Elly me ayudan a hacer cosas por los demás, así como a veces, ellos hacen cosas por mí: enseñar una nueva canción, un nuevo artista, más que caridad es mucha gracia.

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