El arte de decir que no

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El arte de decir que no es una de las canciones que menos me gustan de Fangoria. La siento forzada, la música no me termina de convencer, la letra creo que es reciclada de otras cosas que han hecho. O al menos, eso era hasta hoy.

Tras todos los rodeos que he dado por querer tocar en provincia (que créanme, es una de las cosas que más quiero para este año), hoy obtuve una respuesta. Como mencioné en el post anterior, la semana pasada fui a Querétaro a ver con un bar de allá la posibilidad de tocar con ellos. Hay que decir, de primera instancia, que ese viaje fue una medida desesperada. Hacía un mes había obtenido su correo electrónico y les mandé un correo con la propuesta de fiesta que quería hacer (sí, la Ramases! Colossus!), así como con el Mixtape respectivo. No obtuve respuesta alguna.

En mi viaje de la semana pasada, pese a toda contrariedad como haber dejado el cable de mi computadora o tener que ser llevado al bar por mis padres que me esperaron afuera en el automóvil (cosa que no había ocurrido desde los trece años), conseguí hablar con el dueño del bar quien, en un proceso indirectamente burocrático, me pasó el teléfono del DJ y booker del bar. Según entendí, este último tenía la última palabra.

Aquello me pareció una nimiedad: le mandaba el mixtape y ya estaba, finalmente, entre DJs y músicos nos entendemos ¿No? Así funciona normalmente. La semana pasada, le marqué al DJ quien amablemente me pasó su dirección de correo electrónico, a la cual, al instante, mandé el Mixtape de Ramases! Colossus!

Pasó un día, dos, el fin de semana y no recibí respuesta. El lunes, pensé que posiblemente el DJ/Booker se había visto obstruido por el fin de semana, como yo, porque finalmente, entre DJs y músicos nos entendemos. El martes, pensé que apenas era su actual lunes. Ayer concluí que había que llamarle. El consejo de Nash de “los clientes no responden si tú no les llamas”, me animó a coger el teléfono y marcar su número. Tras tres timbrazos, por fin contestó el DJ/Booker. Me presenté de nuevo, preguntándole si me recordaba, que la semana pasada le había enviado mi Mixtape y quería ver si lo había recibido.

– Ah…sí, sí…sí me llegó.

– ¿Y qué te pareció?- pregunté emocionado, apartando en mi cabeza algún fin de semana de mediados de abril en el que pudiéramos armar la Ramases! Colossus! Party! Querétaro!

– Ejem…eh…pues la verdad…no me gustó.

En ese momento la sonrisa se me congeló. Si aquella semana me había sentido como vendedor de puerta en puerta, en ese instante me sentí como vendedor de puerta en puerta al que le dicen que su producto es una mierda y aún así tiene que dar sonrisa de infomercial.

– Ah…¿No te gustó?

– O sea…sí, pero no.

– ¿Cómo?

– Sí mira. Me encantó la selección de canciones que hiciste, muchas de esas incluso las pongo yo, pero la verdad chavo creo que te falta mucha experiencia, creo que necesitas tocar más.

– ¿Más?

– Sí…tienes un par de caballazos mínimos, que casi no se notan pero…pues el beat se te va y pos…así no tocamos acá.

– ¿Tocar más?

– Sí, mira, creo que necesitas practicar más y luego hablamos ¿Va?

En ese momento los cuatro años que tengo como DJ y músico se hicieron trizas en mi cabeza. Por un segundo, me sentí como un novato que no sabía lo que hacía. Le respondí en automático. Sí, sí está bien. Practicaré más, yo te llamo, ya veras cómo podremos armar algo chido en un futuro. No tenía sentido discutir con él. Simplemente no le había gustado mi trabajo y me lo dijo. Colgué mi celular y lo aventé gritando: “¡Pendejo!”. Quería estar enojado, quería llorar, quería mandar a ese desconocido salido de un auricular a la verga. Pero no pude. Una parte de mí creía que tenía algo de razón y otra creía que no estaba mal que me dijeran que no.

No pude enojarme.

En efecto, en el Mixtape que seguro algunos de ustedes lectores han bajado, hay un par de imperfecciones que, de haberlo hecho con más calma, no estarían presentes. Pero ahí están y no se van a ir. Por supuesto que no pienso quitarlas, porque me conozco y sé que en vivo soy capaz de hacer esos errores. A pesar de que yo sentía que llegaría a colonizar Querétaro (si es que es más posible eso) con mi música de capitalino (a pesar de ser yo mismo celayense/queretano), Querétaro me dio un revés muy adecuado para estos días: no eres nadie, no nos importa tu nombre ¿Velvet quién? ¿Qué haces? ¿Quién eres? Lo sentimos, no sabemos quién eres y te equivocas al mezclar, no puedes tocar acá.

Es difícil ser bueno. Es más difícil aún reconocer los errores. Y es todavía más difícil el arte de decir que no. Decir no cuando no queremos ir a algún lado, decir no cuando no queremos hacer algo o simplemente decir no cuando no creemos en algo. Si lo analizamos, habría sido mucho más fácil para el DJ/Booker decirme que sí y arriesgarse a tener un mal set, lleno de errores y caballazos. Sin embargo no lo hizo. El hombre sabe lo que quiere y cuida su bar. Y eso es admirable. Ojalá muchos tuviésemos la claridad como para saber lo que queremos y lo que no para nuestras pasiones.

Por mi parte estoy tranquilo. Sé que si ese booker se hubiese arriesgado conmigo yo le hubiese dado un set rompemadres, porque me conozco y conozco mi trabajo, como él. Le agradezco infinitamente que me haya dicho que no, pues ahora, estoy empeñado en hacer un set mucho mejor del que preparé antes y demostrarle que por algo tengo cuatro años en esto.

El arte de decir que no me ayudó a sacar lo mejor de mí, y así será.

Hoy cumplo un sueño: ver a Fangoria en vivo. Si a eso le sumamos el hecho de que Maria Daniela y su Sonido Lasser abren el show, esto pinta para ser una gran noche. Si conozco a Alaska y Nacho ya será un megaplus inesperado. Seguramente los españoles punta de lanza de la movida madrileña no cantarán ninguno de sus hits ochenteros así como El arte de decir que no, pero como dicen en esa canción que tanto odio: “El arte de decir que no de forma natural/ La ciencia del perfecto adiós, tajante y sin dudar/ sin sentirme más/ Porque sé que es difícil tratar con fantasmas de oficio / Negociar puede ser al final un maldito ejercicio / Y afrontar, lo que aún esté por llegar / Aunque me haga llorar / lo que me impide ser lo que yo quisiera ser sin pedir perdón”.

2 comentarios en “El arte de decir que no

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